"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro"
2.ª Pedro 1:19

viernes, 30 de abril de 2010

ESTUDIOS PARA LOS JOVENES DE LA IGLESIA


Es claro que la realidad de los jóvenes en nuestros días es mucho más compleja de lo que pensamos... Esta se encuentra en permanente cambio y es necesario que en nuestra iglesia enfoquemmos cuidadosamente este ministerio y que podamos proveerles lideres idóneos y pastorearles de manera que puedan conocer cada vez más al Señor, caminando constantemente con El, siendo sal y luz en nuestra congregacion.

Baja los siguientes estudios Biblicos para jóvenes,

haciendo click encima del link.

PARA JOVENES PARTE I

PARA JOVENES PARTE II

PARA JOVENES PARTE III

PARA JOVENES PARTE IV

PARA JOVENES PARTE V


***

martes, 27 de abril de 2010

¡Pero mis ojos y mi corazón se dirigen hacia Jesús!




(Lo siguiente es del diario de John Newton)

El 1 de enero, 1773
Este es el noveno año nuevo que he visto en esta iglesia. Tengo razón en decir, “¡El Señor corona a cada año con su bondad!” La entrada de este año me encuentra a mí y a mi querida Mary con salud y paz. Todavía estoy favorecido con fuerza, y con algo de libertad en mi tarea pastoral, y espero que el Señor todavía se agrade en utilizarme como instrumento, para edificar a Su pueblo, y para despertar a los pecadores perdidos.
Pero en cuanto a mi…
Mi uso de gracia está débil,
Mis consolaciones pocas,
Mi corazón lleno de maldad,
Mis cargas principales son, una imaginación salvaje no gobernada, y una voluntad rara, pecaminosa que se rebela en contra de leer las Escrituras y hacer oración en secreto.
Estas han sido mis quejas por muchos años ya, y no tengo porque quejarme menos que antes. ¡Pero mis ojos y mi corazón se dirigen hacia Jesús! Suyo soy; a Él deseo servir; a Él, quisiera dedicarme y rendirme de nuevo, hoy.
O Señor, acepta, apoya, protege, enseña, consuela, y bendíceme. Sé tu… Mi Brazo,
Mi Ojo,
Mi Gozo y
Mi Salvación.
Mortifica el poder del pecado – y engrandece la imagen de su santidad en mi corazón. Úngeme con aceite fresco, hazme mas humilde, fiel, diligente y obediente. Permíteme atender en todas las cosas…
A Tu Palabra como mi regla,
A Tu gloria como mi fin, y
A depender en Tu poder y promesa para mi seguridad y éxito
.
Ahora estoy en el año 49 de mi vida, y puedo esperar que dentro de pocos años por lo mucho, iré a un lugar de donde jamás regresaré; ni tengo la certeza de seguir aquí solo un año ¡ni un mes, ni un día! Que tu gracia me guarde para siempre hasta mi cambio designado venga, y cuando me venga el citatorio, que pueda ser capacitado para regocijarme en ti, ¡como la fuerza de mi corazón y como mi porción para siempre!

John Newton (24 de julio de 1725 - 21 de diciembre de 1807), es un autor inglés de himnos conocido cristiana: "Amazing Grace" ("Sublime Gracia").

SUBLIME GRACIA
Sublime gracia del Señor,
que a mí, pecador, salvó.
Estuve ciego mas hoy veo ya,
perdido y Él me halló.
Su gracia me enseñó a temer,
mis dudas ahuyentó.
¡Oh, cuán precioso fue a mi ser,
cuando Él me transformó!
En los peligros o aflicción
que yo he tenido aquí,
Su gracia siempre me libró,
y me guiará feliz.
Y cuando en Sión por siglos mil
brillando esté cual sol,
yo cantaré por siempre allí
Su amor que me sa
lvó.
***


Debemos orar más




por J. Hudson Taylor

Un joven había sido llamado a tierra extranjera. No tenía costumbre de predicar, pero sabía una cosa, como prevalecer con Dios. Yendo una vez a ver a un amigo, le dijo:"No sé como Dios me pueda usar en el campo misionero, pues no tengo talento especial"."Hermano", respondió su amigo, "Dios desea hombres en el campo que puedan orar. Hay muchos predicadores, pero muy pocos que saben orar". Él fue.
En su propia habitación al amanecer, se oía una voz llorando y rogando por las almas. La puerta permanecía cerrada todo el día, y con el silencio que prevalecía, se sentía uno como con deseos de caminar suavemente porque un alma estaba luchando con Dios.
A su hogar llegaban las almas sedientas, atraídas por algún poder irresistible. En las horas de la mañana algunos llegaban y decían:"Pasé por tu casa tantas veces, y deseé entrar. ¿Puedes decirme como puedo ser salvo?"O de otro lugar lejano, otro llamaba diciendo:"Oí que tú nos puedes decir cómo podemos encontrar el descanso para nuestro corazón". El misterio se reveló.
En la cámara secreta se pedían las almas perdidas, y eran reclamadas. El Espíritu Santo sabía exactamente donde estaban, y las mandaba. Se da cuenta de esto: Si todos los que leen estas líneas se apropian de Dios con la violencia santa y la perseverancia invencible de la oración llena de fe, muchas cosas cederían, las cuáles hemos estado martillando vanamente con nuestra sabiduría humana y poder finitos.
El poder de la oración nunca usó su capacidad completa en ninguna iglesia. Si deseamos ver efectuarse los milagros potentes de la gracia divina y el poder, que toda la iglesia acepte el desafío de Dios. "Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" (Jeremías 33:3).

Tomado del "Consolador segundo" http://www.jonatasjoao316.blogspot.com/

EL CELO QUE PRODUCE LLAMAS

POR WILLIAM MC DONALD

Es perdonable que un discípulo no tenga gran capacidad mental y no pueda exhibir habilidades físicas. Pero ningún discípulo puede ser excusado en su falta de celo. Si su corazón no arde con viva pasión por el Salvador, la condenación cae sobre él.
Después de todo los cristianos somos seguidores del que dijo: “El celo de tu casa me consume” (Juan 2:17). Su salvador fue consumido por una ardiente pasión por Dios y por sus intereses. No hay lugar en sus senderos para discípulos tibios e indiferentes.
El Señor Jesús vivía en un estado de tensión espiritual. Así lo indican sus palabras: “De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! (Lucas 12:50). También está su memorable declaración: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar” (Juan 9:4).
El celo de Juan el Bautista fue atestiguado por el Señor cuando dijo: “Él era antorcha que ardía y alumbraba”. (Juan 5:35).
Alguien ha tratado de captar el fervor del apóstol Pablo en el siguiente bosquejo:
“Era un hombre que no se preocupaba por ganar amigos. Sin interés ni deseo por los bienes mundanales, sin temor de pérdidas materiales, sin preocupación por la vida, sin temor por la muerte. Era un hombre sin rango, nación, ni condición. Era un hombre de un pensamiento: El Evangelio de Cristo. Hombre de un propósito: la gloria de Dios. Un necio, y contento de ser reconocido como necio por Cristo. Llámese entusiasta, fanático, charlatán, estrambótico o cualquier otro nombre ridículo que el mundo quiera ponerle, pero que siga siendo raro. Si le llaman comerciante, jefe de casa, ciudadano, rico, mundano, erudito, o aún hombre de sentido común, todo cuadra con su carácter”. “Si no hablaba moría y aunque tuviera que morir, aún hablaba. No descansaba sino que extendía sus actividades por tierra y mar, roqueríos y desiertos arenosos. Clamaba en voz alta y no se medía para ello, ni nadie se lo podía impedir. En las prisiones elevaba su voz y en medio de las tempestades del mar no guardaba silencio. Testificaba de la verdad ante temibles concilios y delante del trono de reyes. Nada podía apagar su voz, sino la muerte, y aún ante la muerte, delante del cuchillo que habría de separar la cabeza de su cuerpo, él habló, oró, testificó, confesó, clamó a Dios, guerreó, y por último bendijo a la gente cruel”.
Otros hombres de Dios han mostrado el mismo ardiente deseo de agradar a Dios.
C.T. Studd escribió una vez:
“Algunos desean vivir al son de la campana de la Iglesia. Yo prefiero rescatar almas aún dentro del mismo infierno”.
Y justamente fue un artículo escrito por un ateo que aguijoneó a Studd a consagrarse enteramente al Señor.
Este era el artículo:
“Si yo creyera firmemente, como millones dicen creer, que el conocimiento y práctica de la religión en esta vida influye en el destino en la otra vida, entonces la religión sería para mí el todo. Desecharía los goces terrenales como si fueran escorias, las preocupaciones terrenas como locuras, los pensamientos y sentimientos terrenos como vanidad. La religión sería mi primer pensamiento al despertar y mi última visión al sumirme en la inconciencia del sueño. Trabajaría solamente en su causa. Mis pensamientos serían para el mañana de la eternidad solamente. Estimaría que un alma salvada para el cielo vale toda una vida de sufrimientos. Las consecuencias terrenales jamás detendrían mi mano, ni sellarían mis labios. El mundo, sus goces, sus penas, no tendrían lugar en mis pensamientos. Haría todo lo posible por mirar hacia la eternidad solamente, y a las almas inmortales como próximas a entrar a una eternidad de felicidad o a la miseria del sufrimiento eterno. Saldría al mundo y predicaría a tiempo y fuera de tiempo y mi texto sería: ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26; Marcos 8:36).

John Wesley fue un hombre de celo vivo. Dijo: “Dadme cien hombres que amen a Dios con todo su corazón, que no teman sino al pecado y cambiaré al mundo”.

Muerto por la causa a mano de los indios Aucas del Ecuador, Jim Elliot, era una antorcha de fuego por Jesús. Un día mientras meditaba en el texto “Él hace sus ministros llama de fuego”, escribió en su diario:
“¿Soy inflamable? Dios líbrame del terrible asbesto de las “demás cosas”. Satúrame con el aceite del Espíritu para que yo sea una llama. La llama es pasajera, a veces de corta vida. Alma mía ¿puedes soportar esto?, ¿una vida corta? En mí mora el Espíritu del Gran Ser que tuvo una vida corta, aquel cuyo celo por la casa de Dios lo consumió. Hazme Tu combustible, Llama de Dios”.

La desgracia de la iglesia en el siglo XX es que hay más demostraciones de celo entre los comunistas o los de las sectas falsas que entre los cristianos.
En 1903 un hombre con 17 seguidores inició su ataque al mundo. Su nombre era Lenin. Hacia el año 1918 el número había crecido a cuarenta mil, y con aquellos cuarenta mil ganó el control de 160 millones de personas en Rusia. El movimiento ha crecido y actualmente controla más de la tercera parte de la población del mundo. Por mucho que uno se oponga a sus principios, no puede dejar de admirar su celo.
Muchos cristianos se sintieron fuertemente reprendidos cuando Billy Graham leyó la siguiente carta escrita por un universitario norteamericano que se había convertido al comunismo en México. El propósito de la carta era explicar a su novia por qué debía romper su compromiso:
“Los comunistas tenemos un alto porcentaje de muertes violentas. Somos los que morimos pasados por las armas, ahorcados, linchados, o alquitranados; somos encarcelados, calumniados, ridiculizados y despedidos de nuestros empleos y de diversos modos se procura hacernos la vida imposible. Un buen porcentaje de nosotros es muerto o tomado preso. Vivimos en una pobreza virtual. Damos al partido cada centésimo que ganamos por sobre lo que no sea absolutamente indispensable para mantenernos vivos. Los comunistas no tenemos tiempo ni dinero para cine, conciertos, asados, casas decentes o autos nuevos. Hemos sido descritos como fanáticos. Somos fanáticos. Nuestra vida está dominada por un gran factor que eclipsa todo otro interés: LA LUCHA POR EL COMUNISMO MUNDIAL.
Los comunistas tenemos una filosofía de la vida que ninguna cantidad de dinero puede comprar. Tenemos una causa por la cual pelear, un propósito definido en la vida. Subordinamos nuestros intereses mezquinos, nuestro yo a un gran movimiento de la humanidad, y, si nuestra vida personal parece dura, o si nuestro yo parece sufrir por haberse subordinado al partido, entonces cada uno se siente compensado adecuadamente por el pensamiento de que cada uno está contribuyendo con su grano de arena a algo nuevo, verdadero y mejor para la humanidad. Hay una cosa a la que me he consagrado fervorosamente y esa cosa es la causa comunista. Es mi vida, mi negocio, mi religión, mi entretenimiento, mi novia, mi esposa, mi mujer, mi pan y mi carne. Trabajo para el partido de día y sueño con él de noche. Su influencia sobre mí crece, no disminuye con el paso del tiempo, por tanto no puedo mantener amistad con nadie, no puedo tener asuntos amorosos, ni siquiera una conversación sin relacionarlas con esta fuerza que conduce y guía mi vida. Yo catalogo a las personas, libros, ideas y acciones de acuerdo a la forma en que afectan la causa comunista y por su actitud hacia ella. Yo ya he estado en la cárcel por mis ideas, y si fuera necesario estoy dispuesto a enfrentar el pelotón de fusilamiento”.
Si los comunistas pueden consagrarse hasta este punto a su causa, cuanto más deberían los cristianos derramarse en amante y alegre devoción a su Salvador. Si el Señor Jesús vale algo, lo vale todo. Si la fe cristiana es digna de creerse, debe creérsela con heroísmo.
“Si Dios en verdad ha hecho algo en Cristo de lo cual depende la salvación del mundo, y si Él la ha dado a conocer, entonces es un deber cristiano ser intolerante de todo lo que lo ignore, niegue o anule con explicaciones sutiles.”
Dios necesita hombres completamente entregados al control del Espíritu Santo. Hombres estos que parecerán borrachos a los demás, pero los que saben de estas cosas comprenderán que están guiados por una “profunda, enorme, obsesionante e insaciable sed de Dios”.
Que cada discípulo en perspectiva tome muy en serio LA NECESIDAD de tener celo por Dios en su vida. Que tenga la aspiración por Dios en su vida. Que tenga la aspiración de responder a la descripción dada por J.C. Ryle:
“El cristiano celoso es principalmente hombre de una causa. No basta decir que es serio, cordial, intransigente, eficaz, sincero, ferviente en espíritu. Solamente ve una cosa, le importa solamente una cosa, vive por una cosa, está embebido de una sola cosa, y esa cosa es agradar a Dios. Viva o muera, enfermo o sano, rico o pobre, agrade al hombre o le ofenda, se le considere sabio o necio, reciba injurias o alabanzas, reciba honra o se le avergüence, nada de esto le importa. Este hombre arde por una cosa, y esa cosa es agradar a Dios y promover la gloria de Dios. Si ese fuego lo consume, no le importa, está contento. Siente que, al igual que la lámpara, ha sido hecho para arder, y si se consume ardiendo, solamente ha hecho aquello para lo cual Dios lo designó. Tal voluntad siempre halla una esfera donde desplegar su celo. Si no puede obrar, predicar, o dar dinero, clamará, deseará y orará. Sí, si es solamente un pobre, o un enfermo que debe permanecer toda la vida en cama, hará que las ruedas del pecado se muevan pesadamente a su alrededor debido a su constante intercesión en contra. Si no puede pelear en el valle con Josué, hará la obra de Moisés, Aarón y Hur en el monte (Éxodo 17:9-13). Si a él no se le deja trabajar, no le dará descanso al Señor hasta que lleguen refuerzos y el trabajo sea hecho. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de celo en religión”.


Tomado del libro CRISTIANISMO RADICAL Por William McDonald


martes, 20 de abril de 2010

El Anonimato

TEXTO: SALMOS 86: 1-3

INTRODUCCIÓN:

Una etapa que todos en mas de algún momento de la vida pasamos es “El Anonimato”, muchos a lo mejor se preguntaran: ¿Qué significa estar en el anonimato?, pues si a lo mejor aun no lo has pasado te entiendo, pero todos aquellos que en momento determinado hemos pasado por ese periodo entenderemos que “El Anonimato” es una etapa en la vida en donde pareciera que nadie sabe que estas ahí, que por mas que te esfuerces por tratar de agradar a Dios, pareciera que nadie se da cuenta y muchas veces pareciera que Dios también se ha olvidado de nosotros.

Muchos jóvenes han pasado por esta etapa sin darse cuenta, y muchos a lo mejor han optado por colgar las botas del evangelio o por tirar la toalla, pues piensan que sus esfuerzos por tratar de ser mejores cada día están cayendo en saco roto.

Pero es necesario que aprendamos que en cada etapa de la vida Dios esta ahí para ir forjando en nosotros un mejor siervo, es decir una persona conforme al corazón de Dios, no creas que solo tu has pasado por etapas de anonimato, hay hombre del ayer que también la pasaron como un Rey David que paso una etapa de su vida huyendo de la presencia de Saúl. Pero que lindo es entender que en medio de esas etapas siempre Dios hace algo lindo, pues David en las etapas de anonimato escribió algunos de los Salmos que hoy en día son de gran bendición para nuestra vida.

DEFINAMOS EL ANONIMATO.
¿Qué es el anonimato? Si lo vemos desde el punto de vista espiritual lo podemos catalogar como aquellos momentos en los cuales pareciera que nadie se fija en ti, en los cuales a lo mejor te esfuerzas por buscar la Gloria de Dios y por servirle y quizá nadie se fija en lo que tu haces, nadie se percata de tu esfuerzo o que talvez pareciera que tus lideres se olvidaron que existías.
Son momentos en los cuales vez que muchas personas avanzan en la vida espiritual y tu crees que estas estancado porque no te mueves del lugar en donde estas. Esos momentos en los que pareciera que el mismo Dios se olvido de la promesa que te había hecho de utilizarte en gran manera para bendición de muchos. ¿Has pasado por esos momentos de anonimato? ¿Ahora me entiendes de lo que hablo?

¿Por qué en la vida hay etapas de anonimato?
Es la pregunta que quizá muchos de nosotros nos hemos hecho en mas de alguna vez. Todos quisiéramos siempre ser vistos por Dios y que la mano de El siempre este respaldándonos en todo lo que hacemos. Pero es difícil entender los propósitos de Dios cuando nos encontramos en “el anonimato”. Ahora expongamos algunas de las razones porque muchas veces entramos en etapas de anonimato.

Dios quiere moldear nuestro orgullo, definitivamente que una de los obstáculos que nosotros los cristianos nos enfrentamos cuando venimos a Cristo es con nuestro orgullo, muchos de nosotros somos orgullosos de primera, no hay nadie como nosotros de orgullosos, pues nada ni nadie puede doblegar ese orgullo que nos costo ganar en el mundo, es orgullo que no nos permitía pedir perdón o disculpas, ese orgullo que no nos permitía reconocer nuestros errores. Una de las razones por las que muchas veces entramamos en etapas de anonimato es para doblegar todo orgullo humano, en la etapa del anonimato nos damos cuenta que nuestro orgullo ya no existe, pues Dios nos hace ver que no somos las octava maravilla del mundo como nosotros mismo pensábamos de nosotros.

Dios quiere entrar en intimidad con nosotros, quizá una de las etapas en las cuales nos hacemos mas sensibles a la presencia de Dios es el anonimato, ¿Por qué?, pues porque en esta etapa al sentirnos olvidados, doblegamos todo nuestro ser en busca de la presencia hermosa de Dios, es ahí en donde entra en acción el plan que Dios tenia con el anonimato en nuestra vida. Definitivamente que en las etapas de anonimato es cuando hemos experimentado la presencia mas fresca del Espíritu de Dios. Si tu has estado en una etapa de anonimato me entenderás de lo que hablo. En esas etapas en cuando hemos a lo mejor compuesto una linda melodía al Señor, hemos escrito lindos poemas, hemos entonado cánticos nuevos, hemos sido renovados en áreas de nuestra vida, hemos derramado las lagrimas mas ricas o a lo mejor hemos reído mucho con el sentido de humor que Dios tiene.

Para crear en nosotros un carácter de siervo, El carácter de siervo es tan necesario para todo aquel que en verdad anhela servir a Dios. No puedes servir a Dios sino tienes carácter de siervo. Tener un Carácter de siervo es ver las cosas de la forma que Cristo las vería, es oír como oiría Jesús y sentir con el corazón de Dios. En pocas palabras es rendirse totalmente a Jesús, menguar nuestra vida carnal para permitir que la vida espiritual tome posesión de nuestro viejo hombre. La etapa del anonimato es una etapa en la que Dios nos muestra realmente lo que el quiere de nosotros y como es que lo quiere, es decir es una etapa en la que a lo mejor no vemos respuesta a nuestros anhelos mas grandes, pero entendemos que Dios los cumplirá.

Muchos no han soportado la etapa del anonimato.
Es difícil pasar por esta etapa no lo voy a negar, pero no imposible. Si otros pudieron ¿Por qué yo no?, la Biblia dice que Dios no nos dejara ser tentados mas de lo que podamos resistir(1 Corintios 10: 13). En pocas palabras TODO absolutamente TODO lo podemos en Cristo que nos fortalece(Filipenses 4:13).
Lastimosamente muchos no han entendido eso y al encontrarse en la etapa del anonimato su viejo hombre le hace ver que esta desamparado y que nada saldrá bien. La mentira numero uno del Enemigo, tragiversar lo que Dios te ha dicho, pues Dios ha dicho que estará con nosotros TODOS los días de nuestras vida hasta el fin del mundo (San Mateo 28:20).
Es triste ver gente que un día estuvo con nosotros adorando a Dios, desperdiciando su vida en las corrientes de este mundo. Muchos han estado a punto de recibir la respuesta de Dios en medio de su anonimato, pero la desesperación les ha ganado la batalla.

Es hermoso el anonimato cuando se reconoces que Dios tiene todo bajo control.
Considero que el anonimato es una oportunidad para darnos cuenta lo valioso que somos para Dios y lo mucho que nos ama, como para enseñarnos grandes cosas en medio de esta etapa.
Posiblemente tus lideres no cuenten contigo para llevar acabo actividades en tu congregación, pero no es razón para tirar la toalla, sino que al contrario es motivo para seguir firme esperando el momento en el que Dios te levantara.
A lo mejor te esfuerzas en el Ministerio al que perteneces y tu esfuerzos no son valorados, déjame decirte que estas pasando por la etapa del anonimato y que ese esfuerzo que estas haciendo el cual nadie valora hay alguien que lo ve con mucha importancia y es Dios. No desmayes de realizar la obra de Dios si crees que no estas siendo valorado, al contrario preocúpate mas por agradar a Dios que por tener agradado al hombre, La Biblia dice en Colosenses 3:23-24 que todo lo que hagamos lo hagamos como para Dios y no como para los hombre, pues de Dios recibiremos la recompensa.

Amigo mío si estas pasando por esta etapa en la cual pareciera que hasta Dios se ha olvidado de ti, te equivocas, Dios ha estado presentes en todas tus oraciones, en todos los momentos en los cuales lo has buscando, hombre como Abraham supieron mantenerse firme en la etapa del anonimato, para luego poder observar y tocar su tan ansiada promesa.

Las etapas del anonimato son hermosas, ¿Por qué?, pues porque te hacen acercarte mas y mas a Dios con un corazón humilde y humillado, reconociendo tu necesidad y dependencia de El. No hay nada como encontrarte con Dios en la etapa del anonimato.

Al pasar esta etapa comenzaras a ver como Dios te levantara muy en alto para Gloria de El, y todo aquello que antes veías lejos de realizarse, ahora serán una realidad, ¿Por qué?, pues porque supiste mantenerte en esta etapa firme, y calificaste como para graduarte y pasar al siguiente nivel.

CONCLUSIÓN:
Utiliza las etapas del anonimato para fortalecerte en el Señor y para sacar delante de El todas aquellas áreas las cuales no has podido superar, pues Dios te moldeara y hará de ti un siervo(a) útil para su obra, solamente NO TE DESESPERES.

Autor: Enrique Monterroza

lunes, 19 de abril de 2010

JOSÉ (FORMADOS EN LA ESCUELA DE DIOS)




Escrito por J. B. Stoney

La historia de José es la de las pruebas y los deberes de un siervo de Dios. El mal que está en la naturaleza humana y las faltas que produce no nos son descritos en su vida, como en las de Abraham, Isaac o Jacob. En primer lugar, José es considerado como un siervo y un instrumento para la obra de Dios. Trataremos de describir los ejercicios por los cuales le fue necesario pasar a fin de estar capacitado para tal obra.

Primeramente lo vemos en casa de su padre. “Amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores” (Génesis 37:3). Distinguido así por el amor de su padre, su corazón se engrandeció. La dulzura de ese afecto hizo nacer en él la suya, porque nada produce tanto el afecto en nosotros como la certeza de su existencia para con nosotros; como está escrito: “Nosotros le amamos a él, porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). De esta manera, el corazón de José se desarrolló durante su infancia en la maravillosa esfera del amor paterno. Pero, al mismo tiempo, a causa de esto se halló expuesto a la envidia de aquellos que se hicieron indignos de ese amor paternal. “Sus hermanos... le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente” (37:4). Si bien por una parte aprendió a conocer la ternura y los recursos del afecto de su padre, por la otra debió sufrir la persecución a causa de este mismo favor. Ello fue para él una advertencia, ya que le sería necesario depender de este afecto, pues fuera de éste y a causa de él, no tendría que sufrir.

Entonces, ya en su juventud y en el círculo familiar, José aprendió (como ocurre con todos los siervos de Dios) los elementales principios de esa verdad que lo sostuvieron hasta alcanzar la cumbre de su carrera: amado de Dios y odiado de los hombres. El amor de su padre, del cual “la túnica de diversos colores” constituyó una imagen, fue una compensación por el odio de sus hermanos. Lo sostuvo cuando encontró su oposición y su envidia. Es la primera y gran lección que el siervo de Dios debe aprender al comienzo de su carrera.

Es lo que Cristo realizó de forma completa y perfecta, de quien José es una figura. Él siempre permaneció en la entera conciencia del amor del Padre, y por eso se mantuvo inquebrantable ante el odio y la maldad del hombre. Además, era el que conocía mejor que nadie el amor del Padre y era el único que podía manifestarlo en perfección. También era el siervo más calificado que el Padre pudo enviar hacia aquellos que no lo conocían. “El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

José, en su carácter de figura y siervo, fue enviado por su padre a sus hermanos para averiguar si estaban bien. Sin embargo, antes de eso, recibió dos veces comunicaciones que le indicaron cuál sería la posición que ocuparía más tarde. La falta de apoyo de su padre y la creciente oposición de sus hermanos constituyeron la base de esa dependencia de Dios y de esa independencia de los hombres que lo distinguieron más tarde. La esperanza venidera que, por la gracia divina, ocupa el corazón de un creyente puede no ser comprendida por aquellos que le rodean, hasta por amigos o estimados conductores; pero es dada por gracia para afirmarlo, más aún, para asegurarlo, cuando ve el cumplimiento de la fidelidad y de la constancia de los cuidados de Dios.

Cuán poco tenemos en cuenta las pequeñas circunstancias del principio de nuestra vida, cuán poco las estimamos, cuán poco sentimos el efecto que ellas ejercen sobre nosotros. Desde la niñez somos formados para la situación a la cual Dios nos destina. Toda nuestra historia no es más que una sucesión de acontecimientos que nos preparan para eso, guardando el primero una gran analogía con el último. Así ocurrió también con David. Al principio lo vemos cuidando el rebaño en el desierto, donde fue llamado “para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad” (Salmo 78:71), posición que llevó a cabo hasta el fin a través de muchas vicisitudes. Lo mismo ocurrió con Moisés. Sólo para Dios, con Dios y visto por Dios, en la arquilla de juncos, en Madián, sobre el monte o sobre el Pisga al final, cada momento de su vida siguió la misma dirección.

José, pues, salió para cumplir su misión, seguro del amor de su padre, consciente del odio de sus hermanos y secretamente impresionado por una idea de grandeza futura, desconocida y aún incomprensible. Respondiendo a la voluntad de su padre, no retrocedió ante el peligro que además Jacob ignoraba para él. Si Dios, que es mayor que nosotros en amor y en sabiduría, nos designa un servicio que le es agradable, y en el cual Él, que sabe todo, no ve ningún peligro para nosotros, podemos emprenderlo con toda confianza. Éste es el único espíritu verdadero y feliz que conviene para servir al Señor. Salimos de casa, lugar conocido del amor de nuestro Padre, para lanzarnos en el océano tumultuoso de personas que no nos aman y para ser mensajeros de los intereses que el Padre les lleva. Así vino Cristo, y así todo siervo fiel será sostenido y útil.

José prosiguió el camino del servicio, llevó el mensaje de su padre y mostró el interés que el padre tenía por ellos. Vino a Siquem, pero fue detenido en la ejecución de su misión porque no halló a sus hermanos. Tales contratiempos se producen con frecuencia para probar si nuestro verdadero deseo es el de hacer la voluntad del Padre. El corazón de José estaba enteramente dispuesto a cumplir esa voluntad, porque en lugar de retroceder, esperó allí hasta que recibiera informaciones de ellos. Luego, les siguió a Dotán, no figurándose de ningún modo del acogimiento que allí le esperaba.

Los hermanos de José, después de haber cambiado varias veces sus malos designios (pues los propósitos del malo son numerosos, puesto que sólo hay un camino para hacer el bien), lo vendieron a los ismaelitas, los cuales a su vez lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón y capitán de la guardia (Génesis 37:28; 39:1). ¡Qué cambio para José! Tras salir de la esfera del amor paternal, se volvió esclavo en Egipto, después de haber sido casi asesinado por sus propios hermanos. ¿Lo había hecho independiente de las comunicaciones divinas que le fueron reveladas en un sueño de todo aquello que era del hombre, amor u odio, y dependiente de Dios solo? A eso la disciplina a la cual en adelante fue sometido debía conducirle. La necesitaba en estas circunstancias. Primeramente, la verdad nos es revelada, y podemos apreciar grandemente su posesión. José debía confiarse completamente a Dios.

Raramente pasa el invierno sin dejar ver algunos rayos del sol y, a menudo, antes de llegar a su punto culminante, como también antes de llegar a su final, un período más suave aparece. De la misma manera, frecuentemente nos regocijamos de algún renacimiento inesperado antes de que sintamos la carga pesada de la disciplina. Fue así como José prosperó en casa de Potifar. Sin embargo, no fue por mucho tiempo. El adversario le preparó una trampa de la cual su integridad y dignidad le hicieron huir. La mujer de Potifar constituye una imagen del mundo, simbolizando las tentaciones. Luego, como no pudo seducir al siervo de Dios, ella se convirtió en su peor enemigo (39:7-20).

La prosperidad de por sí no es pecado, pero a veces se une a malas asociaciones, y la prosperidad en una mala compañía no puede subsistir en el creyente que teme a Dios; ésta será destruida si es fiel. ¡Pero, qué compensación por esta pérdida! Le queda una sola porción: Dios. Para Él y ante Él, José obró tan claramente. La vida en ese futuro testigo de Dios varió mucho. Primeramente fue vendido como esclavo por haber sido el mensajero del amor de su padre hacia sus hermanos; luego fue encarcelado de parte de su amo por haber sido el fiel guarda de su propiedad.

José aprendió que ni el amor ni la justicia podían ser comprendidos por el hombre. Era menester que mirara a Dios solo y que se confiara a Él. Y Dios no le faltó. “Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel” (39:21). Las circunstancias de la prueba pueden mejorar para aquel que realmente confía en Dios. Ningún acontecimiento contrario puede quebrantar una energía verdaderamente viva; únicamente pueden limitarla. La escena puede cambiar, pero no el espíritu. Moisés en Madián prestó ayuda a las mujeres y dio de beber a sus ganados, cuando ya no podía ayudar y servir más a los hebreos (Éxodo 2:16). Fue un libertador para Madián, como lo fue para su pueblo en Egipto; y Dios vino a ser su santuario, siendo su alivio en su servidumbre y su tristeza.

Así José pronto se volvió tan útil en la cárcel como lo fue en la casa del capitán de la guardia. “No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba” (Génesis 39:23). En toda prueba se hallan algunos rayos de luz y algún alivio; pero la completa liberación muchas veces es retardada a causa de nuestra propia prisa por obtenerla. Dios debe ser el que satisface a su siervo, y no la liberación. En consecuencia, esta última es a menudo diferida hasta que no la veamos ni la esperemos más. Entonces nos es otorgada de una manera tan por encima de nuestra comprensión que ella nos hace apreciar el amor y el interés que nos fueron prodigados durante todo el tiempo de la prueba.

Las cualidades de José, como siervo de Dios que conoce sus pensamientos, primeramente fueron manifestadas de manera notable en su cárcel. Las pruebas, efecto de la enemistad del hombre, no detenían la verdad de Dios. Llegó la oportunidad para que se desarrollara, aparentemente en las más desastrosas circunstancias. El apóstol Pablo, en la cárcel, fue de bendición para el carcelero (Hechos 16:25-32). José, en la cárcel, también reveló al jefe de los coperos los designios de Dios; sin embargo, al parecer no tuvo razón en solicitar que intercediera por su liberación. Hubo que permanecer preso todavía durante dos largos años. De nuevo, aprendió que no se puede depositar la confianza en el hombre. Este prolongado encarcelamiento ciertamente lo afectó mucho, consciente de no haber hecho nada que lo mereciera. A él le podría parecer que Dios lo había olvidado.

Es penoso sentir que aquel que conoce nuestra situación no hace nada para ayudarnos. Esa fue la gran prueba de Job, porque le parecía que Dios no manifestó preocupación por él, y de Juan el Bautista cuando escuchó hablar en la cárcel sobre las obras de Cristo (Lucas 7:18-23). Los pensamientos de José no nos son dados a conocer, pero sabemos que Dios tenía un propósito en la prolongación de su encarcelamiento. “Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó. Envió el rey, y le soltó; el señor de los pueblos, y le dejó ir libre” (Salmo 105:19-20). Cuán poco comprendemos que la rama que lleva fruto debe ser podada a fin de ser apta para la obra de Dios (compárese con Juan 15:2). La disciplina es necesaria para quitar del camino lo que no hemos procurado quitar; la poda nos hace despejar de todo aquello de que deseamos ser despejados.

José pasó por profundas pruebas desde el día en el cual dejó la casa de su padre, vestido con la túnica de diversas colores que era una señal del amor. A través de una notable serie de penas y ejercicios, aprendió que, a fin de ser apto para el servicio de Dios, uno debía reconocer que el favor del hombre era engañoso. De vez en cuando lo experimentó para comprobar que éste no le era de provecho en los momentos de necesidad; y lentamente, pero con seguridad, llegó a conocer lo que es de Dios y para Dios.

Por fin llegó la liberación. José apareció ante Faraón como siervo y testigo de Dios, en el sentido más elevado. Dio a conocer las cosas venideras, y recibió el honor y la posición a las cuales justamente tenía derecho, y que el mundo estaba obligado a concederle. Durante cierto tiempo, ignoró probablemente el trabajo que llevaría a cabo hacia sus hermanos, trabajo que quiso cumplir y que fue tan cruelmente rechazado. Iba a ser completamente otorgado y humildemente recibido. Durante todo ese tiempo, Dios obró en favor de su pueblo e hizo preparativos para él. Poco a poco, José lo aprendió y lo creyó.

De las diversas pláticas con sus hermanos, José aparece ante nosotros como el cuadro del hombre divinamente sabio, luchando contra las más hermosas emociones de su corazón. Reprimió la expresión de su afecto hasta que estuviese bien seguro de que el momento del desenlace haya llegado. Es conmovedor ver la ansiedad y la angustia que los afligió, con el propósito de asegurarles lo que su corazón tanto deseaba para ellos (Génesis 42 a 44). Su gran amor por ellos operó todo eso.

Examinando la conducta de José, vemos qué dominio vino a tener de sí mismo y cuán apto llegó a ser para el servicio al cual fue llamado a cumplir y a mantener. Qué momento para ese hombre, que tanto sufrió en su humillación y que luego se encontró en la cumbre del honor, cuando se echó llorando sobre el cuello de su padre (46:29). Qué camino de preparación tuvo que seguir antes de llegar a la cima de su vida y de su servicio. Por fin llegó el momento. Por gracia había sub-venido a todas las necesidades de sus hermanos, mostrando al mismo tiempo cuánto estaba a la altura de la misión que comenzó al principio de su carrera, que consistía en darles una justa idea del amor de su padre.

Para terminar, notemos la fe que lo había distinguido. Después de la alta posición que obtuvo en Egipto y del servicio que cumplió, vio, por la fe, más allá, una mejor y mayor herencia. Antes de morir “mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos” (50:24-25; Hebreos 11:22). Como fiel siervo, puso fin a su carrera dando testimonio del verdadero objeto de la fe. Durante su vida sirvió plenamente al pueblo de Dios según sus necesidades y, en el momento de su muerte, le hizo ver la única verdadera perspectiva y esperanza de sus almas, la heredad de la tierra prometida. Los beneficios del momento no debían oscurecer o interceptar esa esperanza. La fe se elevó por encima aun del resplandor de las cosas de la tierra. José sirvió fielmente a su pueblo hasta el fin, les mostró en su último suspiro la verdadera esperanza y el futuro camino para ellos.

Así terminó la carrera de uno de los más ejercitados y honrados siervos, después de grandes tristezas y de los mayores éxitos, después de una gran humillación y una gran elevación.

Es un estudio beneficioso para cada cristiano. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos.

MOISÉS EN LA ESCUELA DE DIOS


Escrito por J. N. Darby

Moisés en la corte de Faraón podía parecer un excelente instrumento de liberación a los ojos de los hombres, porque “era poderoso en sus palabras y obras”, y “fue enseñado… en toda la sabiduría de los egipcios” (Hechos 7:22). Pero el instrumento suscitado para la liberación de Israel debía despojarse de sí mismo. Moisés quiere actuar; se identifica con el israelita maltratado y mata al egipcio (Éxodo 2:11-12). Fue una manifestación de poder según sus propios pensamientos, lo que lleva al fracaso. Moisés huye; toda su esperanza e influencia en la corte de Faraón se desvanecen; la condición de Israel se agrava aún más. Moisés pasa cuarenta años en el desierto, y cuida las ovejas.

Cuando la aflicción del pueblo llega a su colmo, y Moisés está completamente olvidado, Dios interviene. Vio la aflicción de su pueblo; ¿a quién les envía? A Moisés. Éste, humillado, dice a Dios: “Soy tardo en el habla y torpe de lengua” (Éxodo 4:10). Tenía coraje cuando se apoyaba en sí mismo, pero no lo tiene en lo más mínimo cuando Dios lo envía. ¡Qué dolor para Dios cuando se trata de reducir a nada esa miserable confianza en nuestra fuerza natural!

Primero, Dios quita toda esperanza a Israel; luego dice: “He descendido para librarlos” (Hechos 7:34). Hacemos la misma experiencia individualmente, y nos cuesta creer que cuando somos débiles, entonces somos fuertes (2 Corintios 12:10). La confianza en nosotros mismos es la nefasta tendencia de nuestros corazones. Brota a cada instante como mala hierba. Dios no puede bendecirnos mientras tengamos confianza en nosotros mismos, o en otro hombre. ¿Cómo podría bendecir el orgullo del corazón? Es necesario que seamos despojados de nosotros mismos. Cuando Moisés fue poderoso en sus palabras y obras, tuvo que ser puesto fuera de Egipto. Pedro, que se confiaba en su amor por el Señor y en sus buenas intenciones, negó a Jesús. Todo lo que acerca nuestras almas a Dios, es una bendición. El conocimiento no necesariamente es una bendición, si Dios no toma en el corazón el lugar de toda confianza carnal. Un conocimiento que sólo agrega a las adquisiciones del hombre no puede sino alejarnos cada vez más de Dios. Pero cuando este conocimiento pertenece al dominio de la fe y pone a Dios en lugar de nosotros mismos, es algo excelente.

El hombre más insignificante desea ser algo; no tenemos noción del fondo de orgullo que hay en él. El mundo puede olvidarse de él, pero él no se olvida de sí mismo, hasta que Dios viene a reemplazar su «yo» en su corazón; y tal es el verdadero progreso cristiano. Nuestra felicidad crece en proporción al lugar que le damos a Dios; pero a menudo se necesitan muchas pruebas para que aprendamos esto que es tan difícil: «olvidarnos de nosotros mismos».

Hace falta mucho tiempo para despojar a un hombre de sus pretensiones. Si nuestra propia familia se opone a nosotros, nos critica, hace resaltar nuestra falta de fidelidad (de la cual ella es un excelente juez), esto es bueno, pues así aprendemos lo que hay dentro de nosotros mismos. Y cuando, de esta manera, hemos experimentado la locura de nuestra confianza en nosotros mismos, somos hechos capaces, como Pedro, de confirmar a nuestros hermanos (Lucas 22:32).

No nos desanimemos cuando Dios nos despoje y parece abandonarnos; la verdadera bendición para nosotros es que Dios sea todo y que nosotros no seamos nada. Dios es fiel para destruir nuestro orgullo. Recibamos con agradecimiento lo que hace para humillarnos, porque lo hace según su poder, para bendecirnos



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