"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro"
2.ª Pedro 1:19

miércoles, 14 de julio de 2010

Construir puentes para el Evangelio - John A. Studebaker

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John A. Studebaker, Jr., es un trabajador de campo de Probe Ministries. Recibió su B.S. en ingeniería científica de materiales de Michigan State University y su M.Div. de International School of Theology. Actualmente está estudiando para un M.A. en filosofía de la religión y la ética en Talbot School of Theology.



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Como cristianos, Dios nos llama a ser embajadores de Cristo. ¡Vaya descripción del puesto! Sin embargo, a fin de cumplir con esta tarea gloriosa, vamos a tener que salir de nuestros círculos cristianos aislados y aprender a salvar la brecha entre la iglesia de Cristo y el mundo de hoy.

¿Qué es un constructor de puentes?
En la universidad hice un curso de ingeniería civil. En la clase aprendimos cómo diseñar una de las estructuras más importantes del mundo: los puentes. Yo creo que los puentes son fascinantes porque están diseñados para unir cosas: masas terrestres, caminos y personas. Encuentro que mi vida como cristiano es emocionante exactamente por la misma razón: porque ahora paso a ser un constructor de puentes para Cristo. Por supuesto, Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti. 2:5); pero, actuando bajo su autoridad, los cristianos tienen el privilegio de construir puentes también. ¿Qué tipo de puentes quedan aún por construir? Lo no cristianos suelen tener barreras que les impiden considerar a Cristo: barreras intelectuales, culturales y morales. Nosotros podemos ser sus puentes hacia el evangelio. Así como Jesús dejó el cielo para venir y entremezclarse con el mundo pecaminoso, nos ha dejado la gloriosa tarea de penetrar creativamente nuestro mundo con las buenas nuevas. En un sentido, entonces, tal vez no haya un momento en que seamos más como Jesús que cuando estamos salvando la brecha cultural con el evangelio.

¿Cómo se convierte una persona en un constructor de puentes para Cristo? Si bien necesitamos entender de teología y del mensaje del evangelio, también debemos entender lo que creen los no cristianos, cómo piensan, y cómo han sido afectados por la cultura actual. Y luego, como embajadores de Cristo, nos convertimos en el puente entre la iglesia y el mundo al comunicar el evangelio en el contexto de un esquema mental no cristiano.

Creo que la mayoría de las personas hoy consideran que un ministerio transcultural es algo que se realiza en otra nación. Pero Estados Unidos se ha vuelto muy secular, y ha desarrollado una cultura propia en un sentido ideológico-una cultura muy diferente de la cultura de la iglesia. ¡Así que hoy necesitamos ver nuestra cultura norteamericana como un lugar de oportunidades para un ministerio transcultural! Para hacer esto, investigamos las cosmovisiones de nuestra cultura. Según David Hesselgrave, en su libro Communicating Christ Cross- Culturally, "entender la cosmovisión (sistema de creencias) de otra persona es el punto de partida para comunicar el evangelio." [1] Al demostrar que entendemos y nos interesan las creencias de la otra persona, adquirimos credibilidad e integridad ante esa persona-y probablemente una posibilidad de presentar el mensaje cristiano.

Una vez, por ejemplo, estaba compartiendo a Cristo con un estudiante chino. Después que escuché atentamente por cuarenta y cinco minutos acerca de su creencia en el taoísmo y de hacer varias preguntas, finalmente me preguntó: "¿Qué crees tú?" ¡Qué oportunidad para compartir el evangelio! Al aprender a investigar las cosmovisiones de nuestra cultura, hasta comenzaremos a disfrutar hablar con no cristianos.

Un constructor de puentes es una persona que ha hecho un compromiso para entender a personas con trasfondos y creencias diferentes, a fin de hacer que el cristianismo sea relevante para estas personas. A fin de llegar a ser un constructor de puentes, sin embargo, debemos pasar por un proceso que veremos en este artículo. Primero, debemos investigar el tema del aislamiento que se encuentra en muchas de las iglesias de hoy. Luego veremos el modelo de Cristo para el ministerio que vence nuestro aislamiento. Después descubriremos cómo construir puentes hacia el mundo. Finalmente consideramos la necesidad de la educación a fin de construir mejores puentes.

El problema del aislamiento
Imagine que recibe una llamada telefónica que le informa que ha sido elegido para ser el embajador de Estados Unidos en China. ¡Para usted es todo un honor! ¿Cómo se prepararía para la tarea? Seguramente necesitará hacer un estudio intensivo de la cultura y las costumbres chinas. Si simplemente dijera: "No hay problema, ¡soy norteamericano!" y pasara por alto este estudio, vería que es muy ineficaz como embajador.

Ahora imagine que Cristo fuera a llamarlo, como norteamericano, para ser su embajador en Estados Unidos. ¿Cómo se prepararía para esto? Bueno, de hecho es a esto que Cristo nos ha llamado (2 Co. 5:20). Pero, ¿qué pasaría si dijéramos "No hay problema, ¡soy un cristiano!" pero no intentáramos entender nuestra propia cultura?

Es sorprendente que esto es lo que muchas personas en la iglesia actual han hecho. Algunos creyentes de han llegado a evitar toda conexión con el mundo. Jan Johnson, en su artículo en Moody Monthly, "Escaping the Christian Ghetto" ha llamado a estas personas "cristianos de madrigueras." Según Johnson, "A la mañana salen corriendo de sus hogares cristianos seguros, contienen la respiración en el trabajo, corren de vuelta al hogar a sus familias, luego salen para sus estudios bíblicos y finalizan el día orando por los incrédulos que han eludido prolijamente todo el día." [2]

En los inicios de Estados Unidos, los cristianos disfrutaban de discutir filosofía y teología con creyentes e incrédulos por igual. Nueva Inglaterra era una comunidad que fomentaba las inquietudes intelectuales. Sus jóvenes, por ejemplo, estudiaban los clásicos y la Biblia hebrea en profundidad.

Los cristianos de hoy, sin embargo, a menudo son considerados por el mundo como anti-intelectuales, como personas que han dejado de lado sus mentes para ser "espirituales." Pero, con esta mentalidad, somos incapaces de abordar los temas críticos de nuestro tiempo, así que nuestra cultura comienza a mirar a otra parte para las respuestas: por ejemplo, a los humanistas seculares.

¿Cuál es la raíz de este esquema mental de aislamiento? Bueno, muchos creyentes hoy sostienen un punto de vista pietista de la vida cristiana. El pietismo comenzó en el siglo XIX, pero tenía cierta deficiencia. Según Francis Schaeffer, "era 'platónico' porque hacía una división marcada entre el mundo 'espiritual' y el mundo 'material.' No se le acordaba un lugar adecuado a la totalidad de la experiencia humana." [3]

Yo creo que esta visión pietista de la vida cristiana ha extraído la verdadera vida de la experiencia cristiana para muchas personas. Esto se debe a que nuestra espiritualidad nunca "desciende" lo suficiente como para integrarse con el mundo real. Igual terminamos tratando de ser buenos cristianos, pero hay demasiadas áreas de nuestra humanidad que quedan afuera. Ya no parece muy atractivo para los que están investigando la fe por primera vez tampoco. De hecho, ¡algunos incrédulos son espantados!

¿Cómo podemos cambiar este patrón? Debemos quitar esta "división marcada" averiguando cómo funciona nuestra vida espiritual en el mundo físico, desarrollando una cosmovisión bíblica. Al aprender a aplicar la fe cristiana a nuestra propia vida y mundo adquirimos la capacidad de decir a los incrédulos cómo se aplica a sus vidas también, y esto abre la puerta para el evangelio. Pero sin una fe bien pensada no nos sentimos cómodos llevando nuestro mensaje al mercado de las ideas modernas, así que permanecemos aislados. Lo que necesitamos en realidad es un modelo para construir puentes dentro de la complejidad de la cultura actual, un modelo que haga que el cristianismo sea relevante para las vidas de las personas reales. Cristo mismo ha provisto este modelo en una forma completamente asombrosa. ¿Cuál es este modelo?

El modelo de contextualización de Cristo
El modelo está basado en el carácter de Dios. La Biblia nos presenta un Dios que continuamente busca al hombre al entrar en el contexto cultural del hombre. En el Nuevo Testamento encontramos primero a Dios buscando al hombre tomando una forma "contextualizada"-la de un hombre. La contextualización significa identificarse con la parte opuesta, y requiere atravesar barreras culturales a fin de establecer una comunicación.

A través de la encarnación de Cristo, Dios cruzó una "brecha cultural" bastante grande para buscar al hombre, identificarse con el hombre y volverse hombre. Dios tomó nuestro contexto y, al hacerlo, atravesó dos barreras que impedían que el hombre tuviera una relación con Él. ¿Cuáles eran esas dos barreras?

Primero, Cristo atravesó la barrera de la humanidad. Cristo tomó la carne, los patrones culturales, los patrones de pensamiento, las prácticas y la fragilidad asociados con la humanidad. Dejó su mundo y entró a nuestro mundo. Y luego, en segundo lugar, Cristo atravesó la barrera del pecado. Fue a la cruz y se convirtió en pecado por nosotros para que pudiésemos ser perdonados por nuestros pecados y llegar a conocer a Dios personalmente.

No sólo buscó Dios al hombre haciéndose hombre, sino que su compromiso para buscar al hombre continuó después de la muerte y resurrección de Cristo de otra forma. Su modelo de comunicación, que involucraba la contextualización, continúa a través de su pueblo. En 2 Corintios 5:20 vemos que Dios ha llamado a todos los creyentes a ser embajadores para Cristo. ¿Cómo encaramos esta tarea? Siguiendo el modelo de Cristo, y atravesando las mismas dos barreras que atravesó Él. Primero, debemos atravesar la barrera de la humanidad. Motivados por su amor, también debemos entrar en el mundo de los que no son creyentes, buscando entender su contexto, y buscando terrenos comunes. Esto significa que, sin transigir, debemos involucrarnos con las personas reales y con sus necesidades, luchas y dudas intelectuales. Segundo, necesitamos ayudar a las personas a vencer la barrera del pecado. Hacemos esto compartiendo el evangelio dentro de su contexto, de una forma que "tenga sentido" dentro de la estructura cultural y personal de otra persona.

Según Francis Schaeffer, "[un misionero extranjero] debe aprender el lenguaje de las formas de pensamiento de las personas a las que habla. Ocurre lo mismo con la iglesia cristiana. Su responsabilidad no es sólo sostener los principios básicos y bíblicos de la fe cristiana, sino comunicar estas verdades 'dentro' de la generación en la que uno está viviendo." [4]

Ahora dirijamos nuestra atención hacia cómo usar este modelo de construir puentes para el evangelio que Cristo nos ha dado.

Somos los puentes de Dios
Cuando los no cristianos se encuentran con nosotros, ¿qué impresiones les dejamos? ¿Ven simplemente otra "religión," o se encuentran con un cristianismo que es relevante fuera de la iglesia y que tiene sentido racional en cada área de la vida humana?

Así como Cristo tomó el contexto de la carne humana, debemos nosotros entrar en el contexto del mundo de hoy. La base para nuestro ministerio, por lo tanto, no se encuentra sólo en compartir las verdades de la fe cristiana, sino también en usar nuestra propia humanidad como un canal real para describir estas verdades.

La iglesia primitiva siguió repetidamente el modelo de Cristo al construir puentes humanos a fin de comunicar el evangelio dentro del contexto del público. En Hechos 17, Pablo compartió el evangelio con los griegos politeístas y de orientación filosófica de forma diferente que la forma que usó para los judíos monoteístas y de orientación tradicional. A menudo en el Nuevo Testamento ciertos individuos lograron construir puentes gracias a trasfondos culturales comunes. Sus vidas y herencias mismas construían un puente natural. Timoteo, por ejemplo, podía ministrar fácilmente a los griegos de su pueblo natal debido a su herencia griega. En otras ocasiones, sin embargo, no existe ningún terreno común aparente, y tenemos que aprender cómo están pensando los no creyentes y hacer las adecuaciones correspondientes. Por ejemplo, cuando Pablo necesitó que Timoteo lo acompañara en un viaje misionero, hizo que Timoteo se circuncidara. ¿Por qué? Porque iban a entrar en contacto con judíos que consideraban que la circuncisión era muy importante.

Cristo mismo claramente tomó un enfoque contextual hacia el ministerio. En Juan 3, Cristo confronta a Nicodemo, un maestro de la ley, con algunas perspectivas teológicas profundas. Pero en Juan 4, mientras Jesús conversa informalmente con la mujer junto al pozo sobre su pasado inmoral, Él usa el pozo como una simple ilustración del "agua viva" que Él podía brindar. En cada caso, Jesús mostró un auténtico respeto por el trasfondo de la persona y su esquema mental al adecuar el evangelio según correspondía. De igual forma, un embajador de Cristo debe mostrar el máximo respeto por las personas que está tratando de alcanzar y a sus esquemas mentales. Al demostrar una comprensión profunda de la cultura, adquirimos integridad y credibilidad ante nuestro público.

La clave está en que nuestras vidas mismas sean los puentes, o canales, para el evangelio. Cuando Dios creó al hombre le dio dominio sobre el mundo (Gn. 1:28). Dios estaba dando esencialmente a cada persona la tarea de demostrar su carácter en la tierra. Como embajadores de Cristo, Él nos ha dado a cada uno de nosotros áreas específicas en las que podemos convertirnos en canales de su amor y verdad cuando entregamos estas áreas a Él. Estas áreas incluyen nuestros talentos, cargas, campos de educación, habilidades y dones espirituales. No importa si la persona es un ama de casa, un dentista, un doctor, un candidato o un granjero, él o ella necesita hacer un estudio amplio acerca de cómo la verdad bíblica provee un fundamento para la "plataforma" que Dios ha dado. A menudo Dios mostrará a una persona una subcultura específica que sólo él o ella puede alcanzar.

La importancia de la educación
A fin de convertirse en un constructor de puentes entre la iglesia y el mundo, tenemos que ser educados en ambos aspectos, y también sobre cómo integrar los principios bíblicos a la cultura actual. Por lo tanto, convertirse en un embajador eficaz de Cristo requiere conocimiento de las siguientes tres áreas:

Teología
Como constructores de puentes necesitamos desarrollar primero un conocimiento detallado del carácter de Dios, de la Persona de Cristo, y del mensaje de salvación. Al hacerlo, el Espíritu Santo incorpora este conocimiento en nuestras vidas personales y nuestros ministerios. Sin embargo, muchas iglesias hoy han desmerecido la importancia de la teología como una solución real para los problemas de nuestra nación; algunos hasta han adoptado una actitud antiteológica. Según London y Wiseman, en su libro Pastors at Risk, "Hoy las suposiciones que se han tenido durante mucho tiempo sobre la devoción doctrinal ya no se aplican. Cada vez menos personas escogen una iglesia y siguen asistiendo por la enseñanza bíblica o una tradición específica." [5] En cambio, necesitamos desarrollar un hambre por la teología, y por tener una educación teológica. Tal vez quiera comenzar leyendo el libro clásico de J. I. Packer, Knowing God [6] o alguna otra buena obra teológica.

Antropología
También necesitamos entender a las personas de nuestro mundo. Esto incluye la naturaleza bíblica del hombre, las cosmovisiones predominantes hoy, y cómo esas cosmovisiones muestran sus rostros en los medios, actitudes, educación, gobierno, etc. de hoy. También, ¿cuáles son las necesidades de nuestro mundo actual? Hace falta considerar necesidades físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Pero, para abordar estas necesidades, debemos recibir educación. Un libro que recomendaría sería Lifeviews, [7] de R. C. Sproul, que no sólo lo ayudará a entender mejor la cultura norteamericana sino que lo ayudará a llevar su fe a esa cultura.

Contextualización
Al comenzar a dialogar con no creyentes dentro de nuestros propios campos, en realidad aprenderemos a usar esos campos como canales para la verdad bíblica. Los no creyentes necesitan ver que un fundamento bíblico trabaja dentro de su propio campo de interés antes que adopten este fundamento para toda su vida. Así que necesitamos volvernos plenamente educados con relación al fundamento bíblico de nuestro propio campo, sea en las ciencias, comercialización, educación, medicina, ley, crianza de niños, trabajo en la fábrica, etc. Con el tiempo, podrá desarrollar una estrategia específica para el ministerio dentro de su campo de educación y de ocupación, convirtiéndolo en un campo misionero.

Un grupo de abogados, por ejemplo, podría comenzar un programa de defensa legal para la educación cristiana en su área, o podría enseñar una clase de Escuela Dominical sobre "Una base bíblica para la ley y la justicia." Un granjero podría capacitar a laicos sobre cómo comenzar un jardín y abrirlo a la comunidad, describiendo principios bíblicos. Un panel de médicos cristianos podrían dar un curso de educación sexual para estudiantes secundarios y universitarios (incorporando las perspectivas fisiológicas, psicológicas y bíblicas/morales) en la iglesia-abriéndolo a toda la comunidad. Literalmente, el cielo es el límite.

La pregunta que debemos enfrentar, sin embargo, es si este tipo de educación y trabajo duro realmente son importantes para nosotros. ¿Por qué ha perdido la iglesia su lugar como una fuerza dominante dentro de la cultura de Estados Unidos? Simplemente porque los cristianos han dejado de lado este tipo de estudio-y lo han reemplazado frecuentemente por un cristianismo emocional y trivializado.

Piense en hacer un compromiso ante Dios de educarse de forma tal de convertir su campo de ocupación o de educación en un campo misionero. No hay nada más emocionante que vivir una vida modelada según la Encarnación de Jesucristo.

http://espanol.leaderu.com/

El rompecabezas postmoderno

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Dennis McCallum es autor de varios libros populares, incluyendo The Death of Truth (La muerte de la verdad) y Christianity: The Faith That Makes Sense (El cristianismo: la fe que tiene sentido). Tiene un M.A. en estudios religiosos de Ashland Theological Seminary y su área de investigación es la teología histórica, la historia de la iglesia y estudios del Nuevo Testamento. Como pastor principal de Xenos Christian Fellowship, de Columbus, Ohio, McCallum es un disertante frecuente sobre apologética, religión comparativa y la Biblia.



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Cuando no hay verdades absolutas ni reglas de lógica,
¿cómo defendemos el evangelio?
Un amigo mío me contó que cuando el apologista y autor cristiano, Ravi Zaccharias, visitó la ciudad de Columbus para hablar en Ohio State University, sus anfitriones lo llevaron a visitar el Wexner Center of Arts. El Wexner Center es una ciudadela de la arquitectura postmoderna. Tiene escaleras que no van a ningún lado, columnas que descienden sin tocar el suelo, vigas y galerías que van hacia todas partes, y un sistema de vigas a la vista de aspecto extraño que rodea casi todo el exterior. Como gran parte del postmodernismo, desafía todos los cánones del sentido común y todas las leyes de la racionalidad.

Zaccharias miró el edificio y ladeó la cabeza. Con una sonrisa, preguntó: "Me pregunto si habrán usado las mismas técnicas cuando pusieron el fundamento."

Su observación es muy buena. Una cosa es declarar la independencia de la realidad cuando se construye un monumento. Otra cosa es cuando tenemos que entrar en contacto con el mundo real. ¡De pronto, la razón y la ciencia tienen importancia nuevamente!

El Wexner Center es una imagen notable de las contradicciones internas dentro del postmodernismo. Para aquellos que quieran dialogar con los postmodernistas, el Wexner Center también es una oportunidad destacada. Muchas personas que aceptan las ideas postmodernas nunca se han dado cuenta que existen estas contradicciones. Por lo tanto, las contradicciones se convierten en puntos de entrada para la comunicación.

Los puntos de vista del postmodernismo sobre la así llamada creatividad y la verdad construida proveen una de las contradicciones más llamativas.

A paso de ganso en la universidad
Quienes trabajamos con estudiantes universitarios hoy nos asombramos de cuán uniformes son sus respuestas a toda pregunta sobre la religión o los valores. Siempre aparecen las mismas fórmulas relativistas, prácticamente sin ninguna diferencia-¡hasta en el orden de las palabras! Esto plantea la pregunta crucial: Si la verdad y la realidad están tan a disposición de cualquiera que todos pueden crear una nueva realidad a voluntad, ¿por qué está todo el mundo diciendo lo mismo? ¿No deberíamos estar oyendo una gran variedad de cosmovisiones e ideas? ¿Dónde está toda la diversidad? ¿Donde está toda la creatividad que se anticipaba? En vez de enfoques ampliamente diversos sobre el pensamiento, hoy vemos a los estudiantes marchando elegantemente a paso de ganso según una consigna oficial que no admite ninguna variación.

La razón por la que vemos esta conformidad es que el postmodernismo no es más que una metanarrativa totalitaria-un relato omnipresente de la realidad-justamente lo que sus proponentes más temen. Si bien se anuncia con el lema de la tolerancia, el postmodernismo no ha mostrado ninguna inclinación a tolerar ninguna desviación de su estrecha posición oficial. Los postmodernistas han demostrado exitosamente que quienes creían en absolutos décadas y siglos atrás a menudo no fueron tolerantes. Lo que no han demostrado es que sean tolerantes quienes niegan los absolutos.

El paisaje hoy no se está volviendo más tolerante. Los postmodernistas toleran sólo ciertos puntos de vista y grupos. Otros están experimentando el rechazo, el juicio y aún actitudes compulsivas en manos de pensadores supuestamente inclusivos. Hay algunos códigos de lenguaje y de vestimenta que están apareciendo en las universidades hoy que son aún más dominantes que los de las universidades fundamentalistas extremas.

Considere, por ejemplo, estas reglas de "University of Michigan Policy on Discrimination and Discriminatory Harassment" (Política de la Universidad de Michigan sobre la discriminación y el acoso discriminatorio). Según esta política, los estudiantes son pasibles de disciplina, incluyendo la posible expulsión de la universidad, por:

Todo comportamiento, verbal o físico, que estigmatice o haga víctima a un individuo basándose en su raza, origen étnico, religión, sexo, orientación sexual, credo, origen nacional, ascendencia, edad, estado marital, discapacidad, o relación con la era de Vietnam y que . . . cree un entorno intimidador, hostil o denigrante para los objetivos educacionales . . . o la participación en actividades extracurriculares.
La guía de interpretación que la acompaña explica:

Uno es un acosador cuando . . .
Excluye a alguien de un grupo de estudio porque esa persona es de una raza, sexo u origen étnico diferente del suyo;
Hace chistes acerca de homosexuales y lesbianas;
Su organización estudiantil auspicia un espectáculo que incluye un cómico que se burla de los hispánicos;
Se ríe de un chiste sobre alguien que tartamudea;
Hace un comentario despreciativo sobre la apariencia física, orientación sexual, origen cultural o creencia religiosa de una persona o grupo específico;
Un estudiante varón hace comentarios en la clase como: "Las mujeres simplemente no son tan buenas en este campo como los hombres," creando así una atmósfera de aprendizaje hostil para las compañeras femeninas. [1]
Imagínelo. ¡Ahora tenemos grupos acerca de los cuales no se permite a nadie hacer un chiste! Peor aún, ¡uno puede ser detenido no sólo por contar un chiste sino por reírse de un chiste! Y están hablando en serio. El artículo que detalla estos códigos universitarios cita ejemplos de estudiantes que han sido procesados bajo estas reglas. ¡Los postmodernistas, como guardianes de los oprimidos, están preparados para seguir sus teorías de la realidad construida por el lenguaje aun al extremo radical de controlar cuándo se puede reír la gente! Orwell mismo estaría escandalizado.

Un estudiante de la Universidad de Michigan presentó una demanda para defender su derecho de informar sus hallazgos de laboratorio que involucraban diferencias en las capacidades de los hombres y las mujeres. No, la negación de la verdad del postmodernismo no ha dado como resultado una gran explosión de tolerancia. Ha introducido una falta de preocupación por la libertad.

La uniformidad de la cultura postmoderna deja a los cristianos bíblicos con una sensación de quedarse a un costado. Nos encontramos diciendo algo muy diferente de las demás personas, y encontramos que somos los únicos que estamos diciendo esto.

Comunicación transcultural
Al comunicarnos con los postmodernistas, o quienes están influenciados por el cambio postmoderno, nosotros como evangélicos tenemos las respuestas seguras que la gente necesita. Pero estamos a una mayor distancia de aquellos con quienes nos comunicamos que hace treinta años. En ese tiempo, los supuestos judeo-cristianos básicos aún eran comunes en la cultura secular. Para salvar la brecha hoy, necesitamos introducir pasos adicionales en el proceso de comunicación. No es imposible comunicarnos con la cultura postmoderna; sólo es más difícil.

Suponga que un aldeano de otro país estuviera hablando conmigo acerca de cómo podríamos librarnos de los gusanos-demonios del bosque que están haciendo orificios en los dientes de las personas. Algunos aldeanos están a favor de una ceremonia inmediata con un sacrificio, pero esta persona podría tratar de convencerme de que esto ha sido intentado antes. Él piensa que deberíamos trasladar la aldea a un nuevo lugar donde haya menos demonios. En algún punto tal vez lo interrumpiría diciéndolo: "Perdón," levantando la mano, "tenemos un problema aquí. ¡No puedo darle mi punto de vista sobre cómo librarnos de los demonios porque no creo que existan!"

La brecha entre el punto de partida del aldeano y mi punto de partida es demasiado grande como para poder hablar de medidas contra los demonios. Sin embargo, esta analogía se queda corta. La distancia entre nosotros y los pensadores postmodernos es mucho más grande que la que hay entre el aldeano y yo. Como cristianos, no sólo tenemos creencias diferentes a la de los pensadores postmodernos sino que nuestras perspectivas son automáticamente ofensivas entre nosotros.

A fin de comprender la dificultad de nuestra tarea, necesitamos una analogía diferente. Suponga que vivo en la región noroeste, sobre el Pacífico. Soy un ambientalista fervoroso, y voy a la casa de mi vecino para pedirle que firme una petición para salvar a los árboles. Camino a su casa, encuentro que él viene hacia mi casa. Él trabaja para una compañía forestal, ¡y quiere que firme su petición para fortalecer el puente sobre un arroyo cercano, para que puedan usar camiones más grandes y así aumentar la producción de madera cortando algunos árboles que son demasiado gruesos para sus camiones actuales! ¿Qué probabilidad hay de que algunos de nosotros firme la petición del otro? Estas posiciones son peor que antitéticas. Son mutuamente ofensivas.

De igual forma, cuando argumentamos a favor de la verdad absoluta y una ética objetiva universal-sin mencionar las afirmaciones exclusivas de Cristo-ofendemos a nuestros oyentes postmodernos profundamente. ¡No es de extrañar que algunos evangélicos se ven tentados a sacrificar sutilmente la verdad buscando un terreno común en el área de la experiencia! ¡No es de extrañar que hay otros que están dispuestos a descartar toda una generación y construir fortalezas para esconderse de ella!

Como salvar la brecha
De nuevo, el dilema de comunicación aquí no es irremediable. Sólo es más exigente que todo lo que los cristianos occidentales han tenido que enfrentar. Los misioneros saben que el éxito en la comunicación transcultural exige paciencia y cuidado con relación a la forma de enfocar cada discusión. Los comunicadores descuidados raramente tienen éxito en un contexto transcultural, y son una amenaza para otros cristianos mientras ofenden alegremente a las personas en el nombre de Cristo.

Los expertos en misiones están bien conscientes de la necesidad de una investigación cuidadosa, un desarrollo paciente de relaciones dentro de la comunidad, y la fluidez en el idioma local, incluyendo la capacidad de entregar el evangelio en la jerga local. Si esperamos tener éxito al testificar a las personas postmodernas, incluyendo nuestros propios hijos y sus amigos, necesitamos entender la perspectiva postmoderna.

El optimismo vive
Junto con nuestros problemas en la comunicación hoy, también tenemos buenas razones para el optimismo. He aquí sólo una lista parcial:

Una casa dividida-Jesús advirtió que una casa dividida no puede permanecer. Hoy, la casa de Satanás está dividida. Los modernistas y postmodernistas se combaten mutuamente en la cultura, el gobierno y las universidades. La nueva fuerza en la sociedad-el postmodernismo-no está más cerca del cristianismo que nuestro viejo adversario, el modernismo. Pero tal vez su lucha interna significa una oportunidad para nosotros.

El nihilismo postmodernista-Como señala el Dr. Jim Fidelibus, un psicólogo cristiano, no hay ninguna cosmovisión que tenga más probabilidades de causar depresión y desesperanza que el nihilismo ("nadismo," la creencia de que nada importa) moderno. Es probable que veamos un rebote desde los extremos postmodernos a medida que la sociedad reconoce la necesidad de normas de algún tipo. Sin embargo, esta posibilidad contiene peligros propios. Cuando Alemania reaccionó a la anarquía moral del período Weimar, el resultado fue Hitler. Hoy, percibimos un clamor por un orden social y por normas morales, pero a menudo este clamor es por una nueva moral secular basada en fundamentos utilitarios. Los líderes cristianos son ingenuos cuando acogen al autoritarismo sin Cristo. En el lado positivo, ¿no podrá la búsqueda de normas abrir puertas para el testimonio cristiano de forma similar a lo que ocurrió en la ex Unión Soviética?

El poder de Dios-Dios declara que sus atributos invisibles y su naturaleza invisible "les es manifiesto" (Romanos 1:19). También predijo que el Espíritu Santo convencería el mundo de su necesidad de Cristo (Juan 16:8-11). En otras palabras, las personas saben en su corazón que la verdad existe, que están separadas de su Creador, y que necesitan una conversión personal. Por lo tanto, al preparar Dios el camino experimentaremos más éxito del que podríamos esperar. (Por supuesto, el mismo pasaje advierte que hay personas que "detienen con injusticia la verdad.") Un leñador o un ambientalista tendría suerte si ganara al otro una vez entre mil. Pero nosotros tendremos muchos mejores resultados si avanzamos con cuidado y con oración. El postmodernismo es una fortaleza que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Corintios 10:5). Pero estamos plenamente equipados para vencer este tipo de fortaleza con la verdad.

La soledad postmoderna-Jesús dijo: "Alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo" (Mateo 5:16). Entre nuestras "buenas obras" más poderosas en la situación actual está nuestra capacidad de amarnos unos a otros como Cristo nos amó a nosotros. En su esencia, la cultura postmoderna es profundamente solitaria. Cuando las personas reemplazan la posibilidad de un amor de tipo servicial por los valores huecos del "respeto" y la "tolerancia," el resultado es una distancia interpersonal. Quedan envueltos en evitar declaraciones "prohibidas," en evitar el desacuerdo con los puntos de vista del otro, y en defender sus propios derechos. Los cristianos están libres de estas preocupaciones bajo la seguridad de la autoridad y el amor de Dios. Podemos construir relaciones reales y una comunidad que el mundo secular sólo puede envidiar. Muchos postmodernistas han sido ganados a Cristo después de contemplar cómo un grupo de cristianos comparte el amor de Cristo entre sí.

Detallar como testificar a los postmodernistas es demasiado largo para cubrir aquí. Sin embargo, voy a sugerir algunas estrategias prometedoras para que los cristianos exploren al compartir a Cristo en una cultura postmoderna. Como introducción a mi argumento, sugiero los siguientes pasos:

Descubrir y entender los presupuestos de las personas
Clarificar esto presupuestos en las mentes de los oyentes
Mover cuidadosamente a nuestros oyentes hacia el punto de tensión
Brindar la alternativa cristiana cuando vemos que se está formando una nueva receptividad
Descubrir presupuestos
Cuando hablamos a la gente en nuestra cultura postmoderna, encontramos que pocos entienden plenamente el fundamento de los puntos de vista que han adoptado. Por lo tanto, el primer paso para la comunicación eficaz suele ser ayudar a las personas a entender sus propios puntos de vista además de algunos de los problemas inherentes en esos puntos de vista.

Algunos grupos en nuestra iglesia han usado un formato de discusión para extraer los presupuestos postmodernos. Compartimos este modelo-lo que llamamos Conversación y Cocina (Conversation & Cuisine)-no porque pensemos que sea la única forma de comunicarnos con la cultura postmoderna, sino porque ilustra los tipos de nuevos enfoques que necesitamos desarrollar.

En un evento de Conversación y Cocina, un grupo cristiano se reúne en una casa con sus amigos no cristianos para un grupo de discusión después de la cena. Se les asegura a los invitados que todos los puntos de vista son bienvenidos, y que no es una reunión de iglesia. Después de comer, el tema de discusión podría ser "Juzgar o no juzgar." El facilitador de la discusión presenta pares de situaciones que involucran distintos tipos de juicios, y el grupo discute si se sentiría cómodo emitiendo un juicio en esa situación.

Por ejemplo:

Escena 1:

Su compañero de trabajo blanco está ayudando a una compañera americana-africana a solucionar un problema en la base de datos de la computadora. Usted escucha al blanco llamar a la americana-africana, en su frustración, "negra tonta." Ella levanta la vista con dolor en su rostro. Usted denuncia al trabajador blanco por prejuicio y por lastimar los sentimientos de otra persona.
Juzgar a su compañero de trabajo blanco está: Bien o Mal

Escena 2:

Su otra amiga en el trabajo anuncia que se va a divorciar. Se ha enamorado de otro hombre, y si bien tiene dos hijos le ha dicho a su esposo que "no puede seguir viviendo una mentira." Su esposo y sus hijos están destrozados, pero ella siente que debe ser fiel a sí misma. Usted la acusa de egoísmo, de deslealtad y de estar dispuesta a lastimar los sentimientos de otros.
Juzgar a su amiga está: Bien o Mal

Ambos juicios involucran a alguien que tiene sentimientos lastimados a través de las acciones de otra persona. Pero la mayoría de los pensadores influidos por el postmodernismo están más dispuestos a aceptar el juicio en la Escena 1 que en la Escena 2. Si bien hay varios puntos válidos que las personas podrían plantear, como el hecho que no sabemos cómo era el esposo de la adúltera-el efecto principal de poner los casos juntos es crear una confusión.

A esta altura, el facilitador plantea una pregunta interesante: "¿Cómo habrían contestado las personas sobre este par de situaciones hace treinta años?" La mayoría concuerda que el juicio en la escena 2 habría sido hecho sin titubear dos o tres décadas atrás. Y si bien la gente treinta años atrás podrían haber resentido el epíteto racial de la escena 1, podrían haber concluido que los rótulos no eran tan importantes para ellos. Hoy, la mayoría de las personas del mundo secular cree que el crimen en la escena 1 es moralmente mucho peor que en la escena 2, si es que la escena 2 representa algo que está mal-exactamente lo contrario de lo que el mismo grupo habría concluido hace treinta años.

¿Por qué hay existe esta diferencia entre hoy y treinta años atrás? La escena 2 ciertamente es mucho más aceptable socialmente hoy, aun cuando el daño de una familia destruida pueda ser mucho mayor que el verdadero daño por decir algo malo. Por supuesto, el racismo no es de ninguna forma un problema menor, sea hoy o treinta años atrás. El propósito de la discusión no es promover el racismo sino descubrir presupuestos. Cuando los invitados postmodernos comienzan a sugerir que el cambio de treinta años atrás a hoy es el resultado de que la moral es el producto de paradigmas culturales, planteamos esta pregunta: "¿Entonces estamos sugiriendo que decir "negra tonta" estaba bien treinta años atrás? ¿O estaba mal, pero la gente sólo pensaba que estaba bien?"

Esta pregunta hace que los pensadores postmodernos entren en confusión. Si dicen que en realidad estaba bien llamar a alguien con un mote racial, aprueban el racismo del pasado. Pero si dicen que las personas sólo pensaban que estaba bien, sugieren que existe un patrón universal del bien y del mal-uno que las personas de treinta años atrás pueden haber pasado por alto, pero que hoy conocemos. Cualquiera de las dos posiciones contradice los supuestos centrales del postmodernismo.

Al luchar con estas contradicciones internas en un entorno de aceptación, las personas influidas por el postmodernismo se dan cuenta que están dispuestos a emitir juicios. Sin embargo, están perplejos ante sus propias reglas silenciosas que rigen el juicio. Los modernistas tienen problemas aquí también. No tienen ninguna base más sólida para los juicios morales que los postmodernistas, ni tampoco pueden explicar por qué sostienen puntos de vista morales ahora o por qué los sostuvieron en el pasado. Debajo de todo la cuestión está la necesidad obvia de una autoridad moral.

Cómo guiar a otros al descubrimiento
Por supuesto, no queremos meramente dejar a las personas confundidas. Creamos confusión a fin de derretir el dogmatismo del pensamiento postmoderno. El paso siguiente es empujar suavemente a los pensadores postmodernos a darse cuenta del resultado lógico de sus presupuestos. De nuevo, un ejemplo puede ayudarnos ver una forma en que puede hacerse esto. El mismo grupo que habla sobre los juicios analiza otra escena:

Usted visita una tribu africana durante el rito de circuncisión femenina y contempla cómo una adolescente recibe una clitorectomía. Cuando se queja al guía turístico, le señala que sus valores eurocéntricos están interfiriendo con su juicio.
Juzgar el rito tribal está: Bien o Mal

Esta escena plantea contradicciones más complicadas para el pensador postmoderno. La circuncisión femenina es una manifestación de misoginia y del control de las mujeres. El procedimiento garantiza que las mujeres jamás experimentarán un orgasmo, y por lo tanto no tendrán placer en el sexo. En palabras de un apologista africano, esta práctica "libera a las mujeres de su cautividad a la lujuria para que encuentren su verdadera identidad como madres." Las niñas pueden opinar poco y nada sobre este tema. Visto objetivamente, esta práctica es una violación salvaje y brutal de las mujeres, como han señalado correctamente las feministas.

Pero hay un problema. La circuncisión femenina es también un rito de pasaje inmemorable de otra cultura-en una cultura oprimida, no occidental y no blanca, de hecho. Por lo tanto, está vedado al juicio postmoderno de cualquier tipo. En grupos culturalmente postmodernos, a menudo encontramos quienes están de acuerdo con el guía turístico. Sienten que no pueden juzgar esta situación porque no tenemos ningún contexto desde donde verla fuera de nuestra propia realidad cultural. Alguien podría sugerir que no podemos forzar nuestro punto de vista sobre ellos, pero este es un punto diferente. La cuestión no es cómo cambiar su cultura-por la fuerza o por persuasión-sino si deberíamos siquiera intentarlo. Algunos pensadores influidos por el postmodernismo están confusos en cuanto a este dilema, en tanto que los postmodernistas más militantes son claros: no podemos juzgar su realidad social. Por supuesto, aprobar las clitorectomías pone nerviosas a las mujeres del grupo.

Pero no los liberamos tan fácilmente. Suponga que consideramos a Nueva Guinea, donde por siglos las tribus han cazado a miembros de otras tribus y han tomado sus cabezas como tótemes, talismanes o fetiches. Hoy, bajo la influencia de la cultura colonial occidental, el gobierno de Nueva Guinea ha proscrito la caza de cabezas. ¿Están de acuerdo los participantes de la discusión con esta decisión o no? Más confusión. Los postmodernistas militantes se ponen firmes: "¿Cómo podemos juzgar una práctica que ha estado vigente por cientos de años, y para colmo es una práctica religiosa?" "¿Quiénes nos creemos nosotros para juzgar su cultura, cuando tenemos los males a, b y c en nuestra propia cultura?"

Su punto es bueno. Lo que solemos hacer es mostrar que simplemente están repitiendo una verdad señalada dos décadas atrás por Francis Schaeffer: "Si no hay ningún absoluto por el cual juzgar al estado [o, en este caso, la cultura], entonces el estado [la cultura] es el absoluto." Tenemos que aceptar que nosotros no podemos juzgar sucesos en otra cultura sin la existencia de un absoluto moral que se aplique a todas las culturas, sea que se lo reconozca o no. Cuando establecemos este punto, la posición de los postmodernistas puede endurecerse o puede comenzar a ablandarse.

Finalmente, estamos listos para considerar un ejemplo más: ¿Y qué pasa con la Alemania de Hitler? Tenían una rica cultura de antisemitismo, incluyendo la matanza de judíos, que tenía muchos siglos de historia. ¿Estuvimos mal en juzgar a la cultura nazi interviniendo militarmente para detener lo que considerábamos una opresión?

Ahora estamos realmente confusos. En una discusión, un postmodernista habló después de un breve silencio para decir que esto era diferente porque era nuestra propia cultura-nosotros también somos europeos.

"Entonces, si fuera en India o en China, ¿no tendríamos ningún problema con esto?" pregunté.

Asintió de mal grado-fiel y dogmático hasta el final mismo.

Los otros en la sala estaban gimiendo a esta altura. Tal vez no podamos ganar a los postmodernistas más militantes, pero la mayoría de las personas siguen los ideales postmodernos como hacen con las modas. No están comprometidos profundamente con el programa postmoderno, y reconsiderarán su posición si encuentran que sus presupuestos fallan la prueba. En este caso, mi rival postmoderno se me acercó luego y admitió que yo había descalabrado su sistema de creencias al punto que tenía que volver a considerarlo. Le di un libro sobre apologética y volvió a su casa diciendo que lo leería. Dudo que hubiera estado dispuesto a leerlo antes de la discusión.

Los tiempos en la comunicación
Por favor note que no compartimos el evangelio mismo en la discusión que describí. Lo único que les dejamos fue la sugerencia de que tal vez nuestra cultura ha descartado el concepto de juicio demasiado rápidamente y completamente. Les recordamos que necesitamos descubrir una base universal para el juicio moral-y otros tipos de juicio-si queremos tener algo para decir del mal en otras culturas diferentes de las nuestras. Y señalamos que, como cristianos, creemos tener respuestas en este área.

Si los invitados de esa discusión vuelven a sus casas revaluando sus posiciones, nuestra tarea pre-evangelística ha sido completada y es exitosa por el momento. Si mantenemos relaciones con estas personas, podemos hacer un seguimiento de nuestras primeras conversaciones. Una vez que el pensamiento de la gente ha sido derretido-a aun sacudido-fuera de sus patrones totalitarios postmodernos, tendrán una nueva receptividad ante el evangelio y al material apologético. Comenzarán a considerar seriamente nuestros conceptos, examinando la validez racional de nuestros argumentos y la consistencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Si hemos incorporado los demás elementos del evangelismo exitoso-incluyendo los componentes subjetivos y relacionales-nos irá bien con muchos de estos oyentes.

Usamos varios temas como base de nuestras discusiones de Conversación y Cocina en nuestra iglesia. Estos son algunos ejemplos de temas relevantes e interesantes donde abundan las contradicciones postmodernas:

El medio ambiente
La familia en la cultura moderna
La ética social
La existencia y la naturaleza de Dios
El perdón en las relaciones
La ética en el lugar de trabajo
Cómo tratar con sentimientos de culpa
La ética médica
La educación
Las causas del crimen urbano
¿Qué es el amor?
Diferentes puntos de vista acerca de la vida después de la muerte
La ética de la riqueza
Los derechos de los animales y la responsabilidad humana
Temas de actualidad, como el juicio de O. J. Simpson o de Rodney King
De nuevo . . . el espacio nos impide compartir plenamente nuestra experiencia siquiera en este único ejemplo. Pero puede conseguir más información gratis sobre cómo tener eventos de Conversación y Cocina, además de otras ideas prácticas llamando a Xenos Fellowship o visitando nuestro sitio Web, los cuales aparecen al final de este artículo.

Un testimonio subjetivo legítimo
En Juan 13:34-35 y Juan 17:21-23, Jesús enseñó que la unidad y el amor que expresan los cristianos entre sí es una evidencia concluyente de la veracidad del cristianismo. El Nuevo Testamento también visualiza a los cristianos trayendo a sus amigos a Cristo mediante lo que podría considerarse un evangelismo de amistad y de relaciones (ver Juan 1:41-51, Hechos 16:30-34). Estas dos áreas sugieren que, debido a que el cristianismo es relacional, la extensión cristiana debería contener también frecuentemente un fuerte aspecto relacional. Creemos que en una cultura postmoderna, el evangelismo por amistad y la evidencia subjetiva de una comunidad cristiana afectuosa serán cada vez más importantes.

Ya hemos notado que el postmodernismo genera una profunda soledad. Cuando la gente postmoderna insiste en que la realidad de cada persona es diferente, destruye toda base de cercanía. La comunicación misma es de un valor cuestionable bajo el postmodernismo. Cuando cada opinión tiene el mismo valor, ninguna opinión tiene valor alguno. ¿El resultado? La gente no tiene nada de qué hablar. Podrá distribuirse el respeto más equitativamente, pero la definición postmoderna de respeto virtualmente exige la pérdida de cercanía. Sin ninguna base para el desacuerdo y el debate, terminamos en una apatía de indiferencia-un precio devastador para nuestro respeto aumentado.

No es de extrañar que muchas personas postmodernas sean buscadoras miserables y presionadas del placer y del significado. Los cristianos no sólo pueden explicar por qué los postmodernistas tienen problemas de relación, sino pueden mostrarles también un camino diferente. Creemos que esta es una de las áreas más eficaces del testimonio cristiano hoy. Si tenemos aunque sea un grupo pequeño de amigos dentro de una iglesia local que practica la comunión cristiana, tenemos una base a partir de la cual practicar el evangelismo. Pero recuerde: aun cuando el testimonio subjetivo del amor cristiano es importante, debería complementar la verdad del evangelio y no reemplazarla.



¿Qué es el bombardeo de amor?
Una atmósfera amorosa es el entorno ideal donde la verdad puede ser considerada con una actitud favorable. Los cristianos hacen bien en formar grupos caseros donde poder discutir la verdad en vez de simplemente declararla, como en un sermón. Sin embargo, nunca podremos hacer que alguien entre al reino de Dios "por simpatía." Los grupos que usan su conducta amorosa para eludir la verdad y la toma de decisiones son culpables de manipular a sus oyentes antes que de persuadirlos.

Cada vez que tratamos de ganar a las personas al cristianismo eludiendo sus mentes, somos culpables de la manipulación, un enfoque que los expertos en sectas llaman "bombardeo de amor." Un grupo que "bombardea con amor" hace una demostración exterior de amor a fin de atraer a los visitantes, o aún adquirir control sobre ellos. Los invitados pueden encontrar que se unieron a un grupo sin siquiera saber por qué.

Dios no trabaja así. Él puede haber derribado a Pablo camino a Damasco, pero no estamos autorizados a hacer lo mismo. Nuestra comisión es "presentar defensa de la esperanza que hay en nosotros" (1 Pedro 3:15). Debemos "anunciar las virtudes de Dios" (1 Pedro 2:9). Debemos "dar a conocer el misterio de Cristo" mientras buscamos que "nuestra palabra sea siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno" (Colosenses 4:3, 6).

Piense en el ejemplo de Pablo. Él hablaba a un mundo más o menos no racionalista, como el nuestro. Con excepciones aisladas, principalmente en las grandes ciudades griegas, el primer siglo sentía poca atracción hacia el racionalismo modernista al estilo occidental. Sin embargo, Pablo dice: "Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres" (2 Corintios 5:11a).

Los cristianos bíblicos deben sostener tanto la experiencia como la razón cuando llaman a otros a seguir a Cristo.

Navegando hacia el futuro
Al navegar los evangélicos hacia un futuro incierto, tenemos bastantes cosas que temer. Nuestros hijos estarán sujetos a un programa de adoctrinamiento social que desafiará aún a los padres más cuidadosos. Nuestras iglesias también están en medio de una batalla, tal vez en algunos casos hasta abatidas ante un mundo que parece demasiado hostil a los ideales cristianos. Las instituciones sociales probablemente continuarán propagando puntos de vista postmodernistas y modernistas contrarios al cristianismo. Las leyes y las interpretaciones de los tribunales sin duda continuarán causando problemas también.

¿Qué debe hacer la iglesia?
¡Debemos avanzar! El poder de Dios es grande. No importa cuáles sean los peligros que enfrentemos cuando encaramos activamente nuestra cultura postmoderna, los peligros de huir son aún mayores. Una vez que adoptamos una postura para la huida, la derrota está garantizada. Una iglesia a la defensiva es una iglesia sin visión. La gente de nuestra cultura hoy nos necesita más que nunca. Pero recuerde esto: Nuestra batalla no es contra sangre y carne (Efesios 6:12). No tenemos que librar una guerra contra la gente de nuestra sociedad. Ellos son las víctimas de nuestro verdadero enemigo, el Maligno. No podemos ni debemos construir comunidades-fortaleza para protegernos del postmodernismo. Sólo cuando avancemos hacia los postmodernistas en amor desarrollamos la fibra mental y espiritual que necesitamos para vivir victoriosamente para Dios.

La generación siguiente
No protegemos a nuestros hijos simplemente ocultándolos de la influencia de la ideología postmoderna. Sólo están a salvo cuando están familiarizados con los argumentos postmodernos y están preparados para contestarlos confiadamente.

Ninguno de nosotros que tenemos hijos queremos que mueran ahogados. Pero, ¿cómo podemos impedirlo? Una forma es mantenerlos alejados de todo cuerpo de agua de más de un metro. Funciona. Los niños no se ahogarán si no entran al agua. Pero, por supuesto, también podemos evitar que se ahoguen con otro método: enseñándoles a nadar. La mayoría de nosotros escoge este método. Si bien no es perfecto, funciona bastante bien y provee más libertad. Además, ¿realmente pensamos que podemos evitar que nuestros hijos caigan en agua más profunda que para chapalear durante toda su vida? Aun si pudiéramos, correríamos el riesgo de convertirlos en inadaptados sociales.

La ilustración sugiere soluciones para los problemas que enfrentan los padres en el mundo postmoderno. Dios es explícito: Él quiere evitar que sus hijos se ahoguen enseñándoles a nadar. Por una parte, el otro método-la evitación-es ineficaz. Los hijos con el tiempo van a la universidad o a una empresa y encuentran todas las cosas que quisimos evitarles. [2] ¿Estarán preparados?

Tenemos una razón final para enseñar a nadar a nuestros hijos. Jesús dijo al Padre: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Juan 17:15). Pablo dijo que Dios no quería que los cristianos se distanciaran de los malos de este mundo (1 Corintios 5:9, 10). La evitación cuesta a las personas perdidas del mundo la luz que necesitan tan desesperadamente.

En resumen
Debido a la pérdida de las bases juedo-cristianas de nuestra sociedad, los evangélicos y la cultura están a una mayor distancia entre sí que en décadas anteriores. El surgimiento del postmodernismo exige la comunicación transcultural, que es más exigente, requiere de más tiempo y es más molesto para nuestra carne, pero no imposible.

Nuestras razones para tener optimismo incluyen el poder de Dios, la soledad de la cultura postmoderna, el nihilismo postmoderno y el vacío de verdad.
Al descubrir los presupuesto de otros y conducirlos suavemente a descubrir los problemas que tienen sus propios puntos de vista, podemos derretir el dogmatismo del consenso postmoderno y podemos crear una nueva apertura a alternativas.
Debemos estar preparados para hablar la verdad y resistir la tentación de simplemente llevar a las personas a un estado de placer mayor que el que le han brindado sus opciones postmodernas anteriores.
También podemos usar formas de testificar subjetivas efectivamente si son legítimas y están subordinadas a la verdad. En primer lugar entre estas formas está el auténtico amor cristiano.
Al avanzar para enfrentar la cultura postmoderna a través del diálogo, sabemos que tenemos el poder de Dios, la verdad y nuestro amor por las personas perdidas y necesitadas que nos sostienen. Que Dios nos permita avanzar, no con temor sino con entusiasmo por lo que tenemos para compartir.

Traducción: Alejandro Field

http://espanol.leaderu.com

sábado, 10 de julio de 2010

Las resoluciones de Jonathan Edwards


(1703-1758)


J.Edwards... Muchos sostienen que es uno de los pensadores cristianos más grandes de la historia... se dice que a los 14 años de edad empezó a escribir un diario con el propósito de examinar su vida y desarrollo espiritual… 3 años después, a los 17 realizó una lista de resoluciones acerca de cómo vivir su vida… En total fueron 70 resoluciones.
Ahora personalmente, fue un gran desafío, poder poseer yo misma ésta lista… y cada unas de estas resoluciones no solo grabarlas en mi memoria sino tratar cada día de ponerlas delante de Dios, confiando que solo Él me ayudará a cumplirlas, para su gloría y para un disfrute cada vez más perfecto de Él…
Sin más, se la dejo a continuación, esperando que les sea para la más rica bendición…

Resolví que haré todo aquello que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, provecho y agrado, durante todo mi tiempo de mi peregrinación, sin nunca tomar en consideración el tiempo que eso exigirá de mí, sea ahora o por la eternidad fuera. Resolví que haré todo lo que sienta que sea mi deber y que traiga beneficios para la humanidad en general, no importando cuántas o cuán grandes sean las dificultades que tenga que enfrentar.

Resolví permanecer en la búsqueda continua de nuevas maneras para poder promover las resoluciones.

Resuelvo a arrepentirme, en caso que un día me haga menos responsable en lo relacionado a estas resoluciones, negligenciando una ínfima parte de cualquiera de ellas y confesar cada falla individualmente así que caerse en mí.

Resolví, también, a nunca negar alguna manera o cosa difícil, sea en el cuerpo o en el alma, menos o más, que lleve a la glorificación de Dios; tampoco a sufrirla si tengo cómo evitarla.

Resolví a jamás desperdiciar un sólo momento de mi tiempo; por el contrario, siempre buscaré formas de hacerlo lo más provechoso posible.

Resolví vivir usando todas mis fuerzas mientras viva.

Resolví jamás hacer alguna cosa que yo no haría, si supiese que estubiera viviendo la última hora de mi vida.

Resolví ser a todos los niveles, tanto en el hablar como en el hacer, como si no hubiera nadie más vil que yo sobre la tierra, como si yo mismo hubiera cometido esos mismos pecados o sólo sufriera de las mismas debilidades y fallas que todos los otros; también nunca permitiré que el tomar conocimiento de los pecados de los otros me venga a traer algo más que vergüenza sobre mí mismo y una oportunidad de poder confesar mis propios pecados y miseria a Dios.

Resolví pensar y meditar bastante y en todas las ocasiones sobre mi propia muerte y sobre circunstancias relacionadas con la muerte.

Resolví, que siempre que experimente y sienta dolor, relacionarla con los dolores del martirio y también del infierno.

Resolví, que siempre que piense en cualquier enigma sobre la salvación divina, inmediatamente hacer de todo para resolverlo y entenderlo, sin que ninguna circunstancia me impida de hacerlo.

Resolví, así que sienta un mínimo de gratificación o deleite de orgullo o de vanidad, eliminarlo de inmediato.

Resolví nunca cesar de buscar los medios apropiados para la práctica de la caridad y liberalidad.

Resolví nunca hacer algo en forma de venganza.

Resolví nunca sufrir ninguna de las más pequeñas manifestaciones de ira venida de seres irracionales.

Resolví nunca hablar mal de nadie, de forma tal que afecte la honra de la persona en cuestión, ni para más ni para menos honra, bajo ningún pretexto o circunstancia, a no ser que pueda promover algún bien y que pueda traer un beneficio real.

Resolví vivir como desearía, en mi último suspiro, haber vivido mi vida.

Resolví vivir de tal forma, todo el tiempo, como vivo dentro de mis mejores patrones de santidad privada y de aquellos momentos que tengo mayor claridad sobre el contenido de todo el evangelio y percepción del mundo venidero.

Resolví a nunca hacer algo de que haya recelo de hacer una hora antes de sonar la última trompeta.

Resolví a mantener la más restricta templanza en todo lo que como y en todo lo que bebo.

Resolví nunca hacer algo que pueda ser visto como justa ocasión para despreciar o aún pensar mal de alguien en quien vea algún mal.



(Resoluciones 1 a la 21 fueron escritas en New Haven en 1722)



Resolví esforzarme para obtener para mí mismo todo bien posible del mundo venidero, todo cuánto me sea posible alcanzar de allá, con todo mi vigor en Dios - poder, vigor, vehemencia, violencia interior, todo cuánto me sea posible aplicar y ejercer sobre mí de cualquier manera que me sea posible pensar y darme cuenta.

Resolví tomar acción deliberada e inmediata siempre que pueda hacer algo para la gloria de Dios y, siempre que pueda, descubrir los motivos e intenciones, su designio y la finalidad de lo que hago. Si yo descubro, también, que en nada servirá a la gloria de Dios exclusivamente, repudiaré tal cosa y la tendré como un evidente quiebre de la resolución Nº 4.

Resolví que, siempre que caiga en la tentación de un camino de concupiscencia y malo, volver atrás y hallar el origen de esa acción en mí, todo lo que origina en mí tal cosa. Después, comenzar por una vía cuidadosa en la cual no necesito más hacer lo mismo y de orar y luchar en oración y con todas mis fuerzas contra los orígenes de tales ocurrencias.

Resolví examinar siempre cuidadosamente y de forma constante y precisa, cual es la cosa en mí que causa la mínima duda sobre el amor de Dios para direccionar todas mis fuerzas contra tal origen.

Resolví abatir con precisión meticulosa tales cosas que puedan abatir mi seguridad.

Resolví nunca omitir nada de libre voluntad, (a menos que esa omisión traiga gloria a Dios); iré, entonces y con frecuencia, a volver a ver todas mis omisiones.

Resolví estudiar las Escrituras de tal modo firme, preciso, constante y frecuente que me sea hecho posible y que me dé cuenta de forma inequívoca de que estoy creciendo en el conocimiento real de la Palabra de Dios.

Resolví que nunca tendría como una oración o petición, ni permitir que pase por oración, algo que sea hecho de tal manera o bajo tales circunstancias que yo no crea que Dios me puede atender. Tampoco aceptaré como confesión algo que Dios no pueda aceptar como tal.

Resolví extenuarme y esforzarme al máximo de mi capacidad para, cada semana, ser llevado a un nivel más real de mi ejercicio religioso, un nivel más elevado de gracia y aceptación en Dios, que tuve la semana anterior.

Resolví nunca decir nada que esté contra alguien, excepto cuando tal cosa se halle de pleno acuerdo con la más elevada honorabilidad evangélica y amor de Dios para con su humanidad, también de pleno acuerdo con el grado más elevado de humildad y sensibilidad sobre mis propios errores y fallas y de pleno acuerdo con la regla celestial; y, siempre que diga cualquier cosa contra alguien, colocar eso aún mediante la luz de esta resolución convictamente.

Resolví que, deberé ser de tal confianza hasta para mí mismo, que este proverbio no se haga ni un poco verdadero sobre mi, que dice: "Pero, el hombre fiel, ¿quién lo hallará?" Prov. 20:6.

Resolví, hacer todo lo que podré hacer para hacer la paz accesible, posible de mantener, de establecer, siempre que tal cosa nunca pueda interferir o inferir contra otros valores mayores y de aspectos más importantes. Diciembre 26, 1722.

Resuelvo a no hablar nada que no sea incuestionablemente verídico y realmente verdadero.

Resolví que, siempre que me ponga a cuestionar si cumplí todo mi deber y si mi serenidad y paz de espíritu estén ligeramente perturbadas, el resolverlo delante de Dios inmediatamente y verificar de que modo el problema fue resuelto. Diciembre 18, 1722.

Resuelvo a nunca decir nada de malo sobre nadie que sea, a menos que algún bien salga de eso. Diciembre 19, 1722.

Resolví inquirir todas las noches, al acostarme, donde y en cuáles circunstancias fui negligente, que pecados cometí y donde me pude negar a mí mismo. También haré lo mismo en el fin de cada año, mes y semana. Diciembre 22 y 26, 1722.

Resolví nunca más decir nada, ni hablar, sobre algo que sea ridículo, sea una forma de broma o de chacota sobre el día del Señor. (Noche de Sábado, Diciembre 23, 17229.

Resolví nunca hacer nada mientras esté cuestionando si está en conformidad con la ley de Dios o no, para que yo pueda, más tarde, verificar si me es licito hacerlo o no. Sólo no haré así si deja de ser necesario cuestionar.

Resolví inquirir cada noche de mi existencia, antes de dormir, si hice las cosas de la manera más aceptable que yo podría haberlas hecho, en relación a comer y beber. Enero 7, 1723.

Resolví inquirir de mí mismo al final de cada día, de cada semana, mes y año, donde y en que áreas podría haber hecho mejor y más eficazmente. Enero 11, 1723.

Resolví que, con frecuencia renovaré mi voto de dedicación de mí mismo a Dios, el mismo voto que hice en mi bautismo, el cual hice también cuando fui recibido en la comunión de la iglesia y el cual reasumo este día 12 de Enero de 1723.

Resolví que a partir de aquí, hasta que yo muera, nunca más actuaré como si de algún modo me perteneciera a mí mismo, pero enteramente y sobradamente perteneciente a Dios, como si cada momento de mi vida fuera un normal día de culto a Dios. Sábado, 12 de Enero de 1723.

Resuelvo que ninguna área de esta vida tendrá ninguna influencia sobre cualquiera de mis acciones; sólo la vivencia con Dios. Y que, también, ninguna acción o circunstancia que sea distinta de la religión sea lo que me lleve a concretizar. Enero 12, 1723.

Resuelvo también a que, ningún placer o deleite, dolor, alegría o tristeza, ninguna afección natural, ni ninguna de sus circunstancias co-relacionadas, me sea permitida a no ser aquello que promueva la piedad. Enero 12 y 13 de 1723.

Resolví nunca más permitirme cualquier medida de cualquier forma de inquietud y falta de voluntad delante de mi madre y padre. Resolví nunca más sufrir cualquiera de sus efectos de vergüenza, mucho menos alteraciones de mi voz, motivos y ni de mi mirada y de ser especialmente vigilante acerca de esas cosas relacionadas con alguien de mi familia.

Resuelvo a comenzar todo a mi alcance para negarme todo cuanto no sea simplemente dispuesto y de acuerdo con una paz benévola, universalmente dulce y tierna, repleta de quietud, hábil, contenta y satisfecha en sí misma, generosa, real, verdadera, simple y fácil, llena de compasión, industriosa y emprendedora, llena de caridad real, equilibrada, que perdona, formulada por un temperamento sincero y transparente; y también haré todo cuanto tal templanza y temperamento me lleven a hacer. Examinaré y seré severo y penetrante en ese examen cada semana si por casualidad así. Sábado de mañana, 5 Mayo de 1723.

Resuelvo a, constantemente y a través de la más penetrante belleza de carácter, hacer un escrutinio y examen meticuloso y muy severo, para constatar y mirar cual es el estado real de toda mi alma, verificando por mí mismo si realmente mantengo un interés genuino y puro en Cristo o no; y que, cuando yo muera no tenga nada de que arrepentirme acerca de negligencias de este tipo. Mayo 26, 1723.

Resuelvo a que tal cosa (de que no tuviera afecto por Cristo) nunca acontezca, si yo la puedo evitar de alguna manera.

Resolví que, siempre actuaré de tal manera y juzgaré y pensaré como lo haría en el mundo venidero. 5 de Julio, 1723.

Resolví que, actuaré de tal forma en todos los sentidos, como iría a desear haber hecho si me hallara en una situación de condena eterna. 8 de Julio, 1723.

Yo, con mucha frecuencia, oigo a las personas de una edad avanzada hablando como vivirían sus vidas de nuevo en caso les fuera dada una segunda oportunidad de vivirla. Yo resolví vivir mi vida ahora de tal manera como si yo estuviera pensando cómo ellos pensarían, como si ya fuera de edad avanzada. 8 de Julio, 1723.

Resolví preparar y mejorar cada oportunidad, siempre que me pueda hallar en un estado de espíritu saludable y alegremente realizado, para lanzarme sobre el Señor Jesús en una re-entrega también, para confiar en él, consagrándome a mí mismo enteramente a él también en ese estado de espíritu; que a partir de allí yo pueda experimentar que estoy seguro y asegurado, sabiendo que persisto en confiar en mi Redentor. 8 de Julio, 1723.

Siempre que oiga hablar algo sobre alguien que sea digno de alabanza y dignificante y lo pueda ser en mí también, resolví comenzar todo para conseguir lo mismo en mí. 8 de Julio, 1723.

Resolví hacer todo cómo lo haría en caso de que ya hubiera visto toda la felicidad celestial y todos los tormentos del infierno. 8 de Julio, 1723.

Resolví nunca desistir de vencer por completo cualquiera cosa corrupta que aún puedan existir en mí, ni nunca hacerme permisivo en relación al mínimo de sus apariencias y señales, ni tampoco desmotivarme en nada si todavía me hallo con falta de éxito en esa lucha.

Resolví que, cuando yo esté en un estado de espíritu de temer adversidades o malos momentos, iré a examinarme a ver si eso no se debe a no haber cumplido todo mi deber y a cumplirlos a partir de entonces; y permitir que todo lo demás en mi vida sea entregado a la providencia de Dios para que yo pueda estar permanecer solamente absorbido y envuelto con mi deber y mi pecado delante de Dios y de los hombres. 9 de Junio y 13 de Julio, 1723.

Resuelto a no sólo extinguir en conversación cualquier aire leve o sospecha de antipatía dentro de mí, simpatía fingida que encubre mi estado de espíritu e impaciencia pero también y antes poder expresar un verdadero estado de amor, alegría y bondad en todos mis aspectos de vida y conversación. 27 de Mayo y 13 de Julio, 1723.

Resuelvo a que, siempre que me halle consciente de provocaciones de mala naturaleza y de malo espíritu, que me esforzaré para antes evidenciar lo opuesto de eso mismo, en buena naturaleza y manera; sí, que en tiempos tal cual esos, manifestar la buena naturaleza de Dios, hallando, sin embargo, que en algunas circunstancias tal comportamiento me traiga desventajas y que, también, en algunas otras circunstancias, sea realmente imprudente actuar así. 12 de Mayo, 2 y 13 de Julio.

Resolví que, siempre que mis propios sentimientos comiencen a parecer mínimamente desordenados, siempre que al hacerme consciente de la más ligera inquietud interior, o la mínima irregularidad exterior, me someteré de pronto a la más estricta y minuciosa examinación y evaluación personal. 4 y 13 de Julio, 1723.

Resuelvo a que la falta de predisposición que no está sujeta a Dios nunca me haga relajado en las cosas de Dios y que nunca consiga retirar mi atención de estar plenamente fijada y afirmada sólo en Dios, exista la disculpa que existir para tentarme; las disculpas son cuando la predisposición me dice que aquello que estoy hallando o sintiendo hacer es lo mejor, etc. 21 de Mayo y 13 de Julio, 1723.

Resuelvo a nunca hacer nada a no ser como deber; y, después, de acuerdo con Ef.6:6-8, hacer todo voluntariosamente y alegremente como que para el Señor y nunca para hombre; "Sabiendo que cada uno, sea esclavo, sea libre, recibirá del Señor todo bien que hiciere". 25 de Junio, 13 de Julio 1723.

Suponiendo que nunca existió ningún individuo en este mundo, en ninguna época del tiempo, que nunca haya vivido una vida cristiana perfecta a todos los niveles y posibilidades, teniendo el Cristianismo brillante en todo su esplendor aún teniendo esa vida visionada de cualquier ángulo posible y bajo cualquier presión, yo resolví ser ese mismo ser viviendo esa misma vida, aunque tenga que esforzarme a lo sumo de todas mis capacidades inherentes y aunque fuera el único en mi tiempo. 14 de Enero y 3 de Julio 1723.

Resolví que cuando experimente en mí aquellos "gemidos indecibles", Rom.8:26, los cuales el Apóstol menciona y de los cuáles el Salmista describe como, "Mi alma se consume de anhelos por tus ordenanzas todo el tiempo", Sal.119:20, que los promoveré también con todo vigor existente en mí y que no me "cansaré" (Is40:31) en el esfuerzo de dar oportunidad a mis deseos hechos profundos ni me cansaré de repetir esos mismos pedidos y gemidos en mí, ni de hacerlo en una seriedad continua. 23 de Julio y 10 de Agosto 1723.

Resolví que, me ejercitaré durante toda mi vida, con toda la franqueza que es posible, a siempre declarar mis caminos a Dios y abrir toda mi alma a Él: todos mis pecados, tentaciones, dificultades, tristezas, miedos, esperanzas, deseos y toda otra cosa bajo cualquier circunstancia. Tal como el Dr. Manton dijo en su sermón Nº 27, basado en la Sal.119. 26 de Julio y 10 de Agosto, 1723.

Resolví que, siempre me esforzaré para mantener y revelar todo el lado benigno de mi semblante y modo de hablar en todas las circunstancias de toda mi vida y en cualquier tipo de compañía, a menos que el deber de ser diferente exija de mí que sea de otra manera.

Resolví que, después de situaciones aflictivas, evaluaré en que aspectos me hice diferente por ellas, en cuáles aspectos mejoré mi ser y que bien me advino a través de esas situaciones.



Resolví confesar abiertamente todo aquello en que me hallo enfermo o en pecado y también confesar todos los casos abiertamente delante de Dios e implorar la necesaria condescendencia y ayuda de él hasta en los aspectos religiosos. 23 de Julio y 10 de Agosto, 1723.

Resuelvo a hacer todo aquello que, viendo que otros hagan, yo pueda haber deseado haber sido yo a hacerlo. 11 de Agosto, 1723.

Que haya siempre algo de benevolente en toda vez que me exprese en palabra. 17 de Agosto, 1723.

LAS LÁGRIMAS DEL ALFARERO

Colocado fui en la rueda del Alfarero. ¡Sentí Su toque poderoso y me resentí de eso!

Oí entonces mi propia voz preguntando alto: pero – ¿porque me haces así?

Mira – ¿no puedes quitarme de tu rueda deprisa? ¡Es que sufro inmenso en ella! ¡Ya no me estropees más! ¿Cuánto tiempo aún cortarás de mi barro? ¡Y son cada vez más los pedazos y más largos los periodos! ¿Cuándo esto va a terminar? ¿No ves que cortas demasiado y llevas mucho tiempo?

¡Parece que por cada vuelta que Tu rueda da, una puntada enorme me alcanza y algo de mí desaparece! ¡Mira que duele! ¡Y ahora ya no puedo ser más como era y me quedo inferiorizado cada vuelta que doy en tu voluntad, cada corte me alcanza y damnifica! Parece que me estás estropeando en vez de arreglar. Mira, cuando esto va a acabar? ¿Cuándo, en Tu perspectiva, voy a estar bien?

Inmediatamente sentí la rueda ablandando y fui colocado fuera de ella. ¡Qué alegría! Había terminado una obra maestra en mí. Pero sentí algo salado: unas lágrimas cayendo las cuales dejaron allá Su marca.

Sentí que estaba libre y fui colocado en las estanterías de los vendedores. Inmediatamente hallaré dueño, pensé para mí. ¿Quién me rechazará? ¡Estuve en la rueda del Alfarero tanto tiempo! ¡Soy perfecto y obra única! ¡Y ahora que había salido de ella y su cuchillo ya no me cortaba pedazos sin fin, estaba bien y era un ser atractivo, ciertamente! ¡Quién lo diría! ¡Nadie me rechazará! ¡Soy obra de Maestro experto! ¡Traeré mucha honra a quién me hizo y salvaré a quien me compre! ¡No podía esperar! ¡Cuántas visiones de grandeza inundaron y animaron todo mi ser! ¡Y que privilegio único dar honra a mi Alfarero fuera de Su rueda! ¡Su obra terminó en mí!

¡Y así acabé siendo llevado y colocado donde hallé sería visto y admirado! Pero no, fui comprado y colocado en un lugar encima de una mesa, tumbaba y nadie cuidaba de mí. Nunca nadie me halló perfecto y conforme iba cayendo algo en mí se iba quebrando y rompiendo. Me acordé de las lágrimas de mi Alfarero y de la marca que habían dejado allí en mí – y era visible. ¿Porque había Él llorado cuando pedí salir de su rueda? ¿Porque Sus lágrimas me marcaron tanto así?

Fui lanzado y tirado de un lugar a otro, marchitado con quiebres y me quedé partido por fuera, rajado por dentro. Después me caí por la ultima vez y me tiraron fuera. No traje honra a mi Alfarero, nada de bueno conseguí. Pero… ¿qué es esto? ¿Que manos serán estas que me cogen así tan suavemente? ¡Oh no!… ¿Será que conozco este toque especial? ¿Que dirá Él cuando me vea en este estado?

Y Él me recogió y pegó de nuevo. Me dijo: “Ven, te reharé y serás Mío y te colocaré en Mi mesa”. No entendí porque me vino a buscar aquí lanzado, pues para nada sirvo más y ya ni soy hombre que sepa hablar y de nada soy capaz ahora. ¿Cómo me encontró Él, porque me buscó aún? ¿Que tengo yo que preste más? Nada, de hecho, sólo Su marca que siempre se vio.

E inmediatamente comenzó a girar la rueda de nuevo. ¡Pero ahora me estaba gustando, pues nada mejor me aconteció en toda mi vida! ¡Ni dolor sentía más, pues las caídas que di lejos de esta rueda me lastimaban mucho más! ¡Mira! ¡No siento el dolor de su cuchillo y siento que cada corte me reconstruye ahora! ¡Menos mal que estoy ahora en esta rueda siendo rehecho del mismo barro! ¡Y también ya tengo destino! Anteriormente quería ser colocado en mesa de rico, pero si Mi Alfarero me coloca en su mesa, encontraré una honra en demasía para un vaso quebrantado y despreciado como yo.

Mi actitud cambió y ahora veo mejor esta rueda, pues fue en ella que me rediseñó. Su toque suave, de alguien que sabe lo que hace, ya no me confunde. ¡Ahora sé que mi Alfarero sabe lo que hace, pues por la suavidad con que toca en mí, veo que sabe quién soy y con que contornos me hizo. ¡Extraño! El único lugar donde nunca me lesioné fue donde está Su marca, donde Sus lágrimas se cayeron por mi pedido.

Ya no quiero salir de esta rueda a menos que sea para ser colocado en la mesa de quien me recogió estando quebrado, sin más honra ni alguien que me deseara así.

Terminó Su obra en mí y fui colocado en una mesa revestida de oro finísimo. Pero ¿porqué razón quería yo ser comprado y vendido si mi Alfarero me quiere así? Pero aquellas marcas de Sus lágrimas permanecieron en mí, pues siempre me hicieron saber a Quien pertenezco. ¿Cómo pude ser tan liviano así, queriendo ser de otros dueños con mi Maestro rico así?

Y así fui rescatado después de ser prestado para ser quebrado. Cuando nadie más me halló útil, mi Alfarero me recogió aún. Siempre viviré con él y Su mesa de Oro adornaré, pues mi Alfarero me hizo conforme fue Su designio y Su buena intención para conmigo. Mira, soy vaso de honra, pero ahora veo que me colocó y no donde deseé yo ser colocado. Que mi Maestro se digne de mí, pues Su obra Él aprecia cuando la termina así.



Wiarly Muñoz Giampaoli
Modificado por J.M

POR SU IMPORTUNIDAD de Andrew Murray

"Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite", Lucas 11:8.

"También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar… Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia", Lucas 18:1, 6-8.



NUESTRO Señor Jesús pensó que para nosotros era tan importante comprender la necesidad de la perseverancia y la importunidad en la oración que presentó dos parábolas para enseñarnos esa verdad. Esto prueba de manera suficiente que este aspecto de la oración encierra la mayor dificultad y el poder más grande. El quiere que nosotros sepamos que en la oración, no todo será fácil y halagüeño. Tenemos que esperar dificultades, que solo pueden dominarse mediante la perseverancia persistente y determinada.

En las parábolas, nuestro Señor representa las dificultades existentes por parte de aquellas personas a las cuales se les hace la petición. Se necesita la importunidad para vencer la renuencia de dichas personas a oír. Entre Dios y nosotros, sin embargo, la dificultad no está en el lado de él, sino en el nuestro. En la primera parábola, él dice que nuestro padre celestial está más dispuesto a dar buenas cosas a los que se las pidan, que un padre terrenal a darle pan a su hijo. En la segunda, él asegura que Dios anhela hacer justicia a sus escogidos pronto.

La oración urgente no se necesita por el hecho de que hay que hacer que Dios esté dispuesto o quiera bendecir. La necesidad está por completo en nosotros. Sin embargo, no fue posible hallar ninguna ilustración de un padre amante o de un amigo dispuesto, en los cuales pudiera basar su enseñanza de la necesaria lección de la importunidad. Por tanto, él usa al amigo indispuesto y al juez injusto para estimular en nosotros la fe de que la perseverancia puede vencer todo obstáculo.

La dificultad no está en el amor ni en el poder de Dios, sino en nosotros mismos y en nuestra propia incapacidad para recibir la bendición. Pero por el hecho de que hay esta dificultad en nosotros, esta falta de preparación espiritual, también hay la dificultad en Dios. El, en su sabiduría, su justicia, y aun en su amor, no se atrevería a darnos lo que nos perjudicaría si lo recibiéramos demasiado pronto y con demasiada facilidad.

El pecado, o la consecuencia del pecado, que hace imposible que Dios nos dé lo que pedimos de inmediato, es una barrera que está tanto por el lado de Dios como por el nuestro. El intento de quebrantar este poder del pecado en nosotros mismos o en aquellos por los cuales oramos, es lo que hace que el esfuerzo y el conflicto de la oración se conviertan en tal realidad.

A través de la historia, los hombres han orado con la conciencia de que en el mundo celestial hay dificultades que vencer. Le han pedido a Dios que quite los obstáculos desconocidos. En esa súplica perseverante, ellos llegaron a un estado de absoluto quebrantamiento e impotencia, de entera resignación a él. Luego fueron vencidos por completo los obstáculos que había en ello mismos y en el cielo. Cuando Dios los venció a ellos, ellos vencieron a Dios. Cuando Dios prevalece sobre nosotros, nosotros prevalecemos con él.

Dios nos constituyó de tal modo que cuanto más claramente veamos lo razonable que es una petición, tanto más nos rendiremos de corazón a ella. Una causa grande de nuestra negligencia en la oración es que parece haber algo arbitrario, o por lo menos algo incomprensible, en el llamado a tal oración continua. Necesitamos comprender que esta aparente dificultad es una necesidad divina y que por la misma naturaleza de la cosas, es una fuente de indecible bendición. Luego debemos estar dispuestos a entregarnos con alegría de corazón a la importunidad continua. Tratemos de entender que el llamamiento a la importunidad y la dificultad que ella nos presenta en el camino constituye uno de nuestros mayores privilegios.

¿Se ha dado cuenta alguna vez de la parte importante que juegan las dificultades en nuestra vida natural? Ellas producen el poder del hombre como ninguna otra cosa puede hacerlo. Pueden fortalecer y ennoblecer el carácter. Se nos dice que una de las razones de la superioridad de las naciones nórdicas (por ejemplo, Holanda y Escocia) en cuanto a la fuerza de voluntad y propósito, en relación con las naciones del soleado sur, como Italia y España, es que el clima de éstas últimas ha sido demasiado benigno; la vida que este clima estimula es demasiado fácil y descansado. Las dificultades con las cuales han tenido que luchar las naciones del norte han sido la causa de su mayor prosperidad.

Dios arregló la naturaleza de tal modo que al sembrar y cosechar, así como al buscar carbón u oro, nada se halla sin trabajo y esfuerzo. ¿Qué es la educación, sino un diario desarrollo y disciplina de la mente por medio de las nuevas dificultades que el alumno tiene que vencer? Tan pronto como una lección llega a ser fácil, el alumno pasa a una que es más elevada y más difícil. Tanto de manera colectiva como individual, los mayores logros se hallan cuando nos enfrentamos a las dificultades y las vencemos.

Así mismo ocurre en nuestra relación con Dios. Imaginemos cuál sería el resultado si el hijo de Dios sólo tuviera que arrodillarse, pedir, recibir, y marcharse. ¡Qué pérdida indecible para la vida espiritual sería el resultado! En la misma dificultad y en la demora, que exigen oración perseverante, se hallarán la verdadera bendición y la bienaventuranza de la vida celestial. Allí aprendemos cuan poco nos deleitamos en la comunión con Dios y cuál poca fe viviente tenemos en él. Descubrimos que nuestro corazón es aún muy terrenal y que no es espiritual, que tenemos muy poco del Espíritu de Dios. Es allí donde llegamos a reconocer nuestra propia debilidad y nuestra indignidad, y donde un rendimos al Espíritu de Dios para que ore en nosotros. Allí tomamos nuestro lugar en Cristo Jesús y permanecemos en él como nuestra única defensa ante el Padre. Allí quedan crucificadas nuestra voluntad, nuestra fuerza y nuestra bondad. Allí resucitamos con Cristo a una nueva vida, pues ahora toda nuestra voluntad depende de Dios y está para su gloria. Comencemos a alabar a Dios por la necesidad y la dificultad de la oración importuna, como uno de sus medios de gracia preferidos.

Pensemos lo que nuestro Señor Jesús quedó a deber a las dificultades que se le presentaron en el sendero. En Getsemaní, aquello era como si el Padre no oyera. El oró entonces de manera aun mas intensa hasta que "fue oído". En el camino que él abrió para nosotros, aprendió la obediencia por las cosas que sufrió y así fue hecho perfecto. El entregó su voluntad a Dios. Su fe en Dios fue probada y fortalecida. El príncipe de este mundo, con toda su tentación fue vencido. Este es el camino nuevo y vivo que el consagró para nosotros. En la oración perseverante andamos con su mismo Espíritu Santo y somos hechos participantes con él. La oración es una forma de crucifixión, y nuestra comunión con la cruz de Cristo, una forma de entregar la carne a la muerte.

Oh, cristianos, ¿no nos avergonzaremos de nuestra renuencia a sacrificar la carne, nuestra propia voluntad y el mundo, como claramente lo demostramos por nuestra renuencia a orar mucho? ¿No aprenderemos la lección que la naturaleza y Cristo nos enseñan por igual? La dificultad de la oración importuna es nuestro más alto privilegio. Las dificultades que hay que vencer en ella nos traen las más ricas bendiciones.

La importunidad tiene varios elementos. Los principales son la perseverancia, la determinación y la intensidad. La importunidad comienza cuando uno no acepta con facilidad que se le rechace la petición. Esta actitud de rechazo se desarrolla hasta convertirse en una determinación a perseverar, a no ahorrar ni tiempo ni esfuerzo hasta que llegue la respuesta. Luego, esta determinación se convierte en una intensidad en que todo el ser se entrega a Dios en ruego. La osadía hace acto de presencia para asirse de la fortaleza de Dios. En un momento, ésta es tranquila y apacible: en otro, apasionada y osada. En un punto espera con paciencia, pero en otro, reclama de una vez lo que desea. En cualquier forma, la importunidad siempre habla en serio y sabe que Dios oye la oración; tiene que ser oída.

Recordemos los maravillosos ejemplos que tenemos de la importunidad en los santos del Antiguo Testamento. Pensemos en Abraham, cuando ruega por Sodoma. Vez tras vez renueva su oración, hasta que la sexta vez dice: "No se enoje ahora mi Señor". El no cesa hasta saber que Dios condesciende en cada ocasión con su petición, hasta saber cuan lejos puede ir, hasta donde ha entrado en la mente de Dios, y hasta dónde ha reposado en la voluntad de él. Por ello fue que se salvó Lot. "Dios se acordó de Abraham, y envió fuera a Lot de en medio de la destrucción”. Nosotros que tenemos la redención y que para los paganos tenemos promesas que Abraham nunca conoció, ¿no rogaremos más a Dios a favor de ellos?

Pensemos en Jacob cuando tuvo miedo de encontrarse con Esaú. El ángel del Señor se encontró con él en la oscuridad y luchó con él. Cuando el ángel vio que no podía con Jacob, le dijo: "Déjame". Jacob le contestó: "No te dejaré". Así que el ángel lo bendijo allí. Esa osadía que declaró: "No te dejaré", que obligó al reacio ángel a bendecirlo, le agradó tanto a Dios que le dio un nuevo nombre a Jacob: Israel, que significa el que lucha con Dios, "porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido".

A través de los siglos, los hijos de Dios han entendido que lo que enseñan las dos parábolas sobre Cristo es que Dios se retiene y trata de escapar de nosotros hasta que sea vencido aquello que es carne y egoísmo y pereza. Luego podemos prevalecer ante él hasta que pueda y tenga que bendecirnos.

¿Por qué hay tantísimos hijos de Dios que no desean este honor de ser príncipes de Dios, de luchar con él y prevalecer? Lo que nos enseñó nuestro Señor: "todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis" no es otra cosa que la expresión de las palabras de Jacob en otros términos: "No te dejaré, si no me bendices". Esta es la importunidad que él enseña. Tenemos que aprender a reclamar y a recibir la bendición.

Pensemos en Moisés cuando Israel hizo un becerro de oro. Moisés se volvió al Señor y le dijo: "Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado,… que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito". Moisés prefería la morir, y no que muriera el pueblo que se le había dado. Eso fue importunidad.

Cuando Dios lo hubo oído y le hubo dicho que enviaría su ángel con el pueblo, Moisés acudió a él de nuevo. El no se contentaría hasta que, en respuesta a su oración, el mismo Dios fuera con ellos. Dios le dijo: "También haré esto que has dicho". Después de eso, en respuesta a la oración de Moisés: "Te ruego que me muestres tu gloria" (Éxodo 33:12, 17, 18). Dios hizo pasar todo su bien delante de él. Entonces Moisés una vez más comenzó a rogar: "vaya ahora el Señor en medio de nosotros". “Y el estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches" (Éxodo 34:9, 28).

Como intercesor, Moisés usó la importunidad ante Dios, y prevaleció. El demuestra que el hombre que verdaderamente vive cerca de Dios, y con quien Dios habla cara a cara, participa del mismo poder de intercesión que hay en Jesús, quien está a la diestra de Dios y vive siempre para orar.

Pensemos en Elías. El oró primero para que descendiera fuego, y luego, para que descendiera lluvia. En la primera oración, su importunidad clama y recibe una respuesta inmediata. En la segunda, se postró en tierra, y puso su rostro entre sus rodillas. Luego le dijo a su criado que mirara hacia el mar. Y este le trajo el mensaje: "No hay nada". Entonces Elías dijo a su siervo: "Vuelve siete veces". Ahí estaba la importunidad de la perseverancia. Elías le había dicho a Acab que habría lluvia. El sabía que la lluvia venía. Aún así, el oró siete veces.

Precisamente, basado en lo que le ocurrió a Elías en esta oración, Santiago enseña: "... orad unos por otros… Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras…La oración eficaz del justo puede mucho". ¿No habrá algunos que se sientan constreñidos a exclamar: "¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías?" ¿Dónde está este Dios que estimula una oración tan eficaz y la oye de manera tan maravillosa? Sea su nombre alabado. ¡El espera aún que se le haga esa pregunta! La fe en un Dios que oye la oración hará que el cristiano ame la oración

Recordemos las características del verdadero intercesor tal como se enseñan en esta parábola: una comprensión de la necesidad de las almas, un amor como el de Cristo en el corazón una conciencia de la incapacidad personal, fe en el poder de la oración, valor para perseverar a pesar de que sea denegada la petición, y la seguridad de una abundante recompensa. Esta son las cualidades que transforman a un cristiano en un intercesor y originan el poder de la oración que prevalece.

Estos son los elementos que caracterizan la vida cristiana y la llenan de belleza y salud. Hacen apto al hombre para ser una bendición en el mundo, y lo convierten en un verdadero obrero que obtiene de Dios el pan del cielo para distribuirlo a los hambrientos. Estas son las actitudes que producen las virtudes más elevadas y heroicas de la vida de fe.

No hay nada a lo cual deba más la nobleza del carácter natural que al espíritu emprendedor y osado que lucha con las dificultades en el viaje o en la guerra, en la política o en la ciencia, y vence. Por amor a la victoria no se escatima ningún trabajo ni ningún gasto. Así nosotros como cristianos debemos ser capaces de enfrentarnos a las dificultades con las cuales nos encontramos en la oración. Cuando nosotros trabajamos y nos esforzamos en la oración, la voluntad renovada afirma su derecho real de pedir en el nombre de Cristo lo que quiera, y de usar el poder que Dios le ha dado para influir en el destino de los hombres.

Los hombres del mundo se sacrifican en buscar su comodidad y su placer. ¿Seremos nosotros tan cobardes y flojos que no lucharemos para abrirnos camino hacia el lugar donde podemos hallar libertad para los cautivos y salvación para los que perecen? Que cada siervo de Cristo aprenda a comprender su vocación. Su Rey vive siempre en nosotros para orar. El Espíritu del Rey vive siempre en nosotros para orar. Las bendiciones que el mundo necesita hay que hacerlas descender del cielo, mediante la oración de fe, perseverante e importuna. En respuesta o la oración, el Espíritu Santo desde el cielo tomará completa posesión de nosotros para hacer su obra a través de nosotros.

Reconozcamos que nuestro mucho quehacer ha sido en vano a causa de nuestra poca oración. Cambiemos nuestro método y oremos más, mucho más, incesantemente. Que ésa sea la prueba de que nosotros acudimos a Dios para todo, y de que creemos que él nos oye.

20 REGLAS BÁSICAS DE LA SABIDURÍA


Dios busca el fruto del Espíritu y nunca religiosos efusivos que hacen bien las cosas.

Querido Dios, tengo un grave Problema: ¡Yo soy él!

Envejecer es siempre ineludible, crecer espiritualmente es opcional.

No existe llave para la felicidad porque la puerta está siempre abierta.

El silencio de la sabiduría es casi siempre mal interpretado, pero nunca mal aplicado, pues trae siempre fruto.

Hace tu trabajo: si anduvieras con Dios, cuenta tus bendiciones, si no estuvieras, cuenta tus maldiciones.

Fe es una habilidad rara que nunca necesitaría ser fingida ni pretenciosa, pero el pecado hace que náufragos piensen que son héroes (1 Tim 1:19).

Tu alegría si no es fingida te abrirá las puertas de la realidad.

Si te preocupas ora… Si oras, nunca te preocupes.

Como verdadero Hijo de Dios, la oración es como una nueva llamada para la casa de Mi Padre.

Bendecidos son los que están firmes, pues ellos están ciertos siempre y nunca quiebran, son torcidos y vuelven a su estado normal y derecho.

Las cosas más importantes dentro de tu casa son las personas – nunca permitas que los fuegos del infierno infiernicen sus corazones por dentro.

Cuando te encuentres amarrado y enmarañado en todos tus problemas, aquiétate – Dios te quiere quieto para desamarrar el nudo que hiciste en ti.

El rencor pesa toneladas dentro del alma, pero no por eso las personas se importan de cargar tal peso, pues cualquier airado se halla siempre fuerte demasiado para creer que el peso que lleva es cosa pesada.

Aquel que está vivo en pecado, está muerto.

Nosotros nunca nos recordamos de fechas, pero de momentos especiales, pues como la vida se mueve a alta velocidad, cada momento precioso nos hace parar para que nuestra alma pueda ansiar por Dios aún más.


No es cierto estar sentado en el sanitario de la auto-lamentación, aunque muchos allá se sienten por mucho tiempo; espero, sin embargo, que en caso de que te sientes en él, tengas todo el coraje de tirar el agua de inmediato.

Sobrevivir dentro del éxito implica un gran coraje: coraje de desafiar amigos para la verdad, coraje de sentirse pequeño conforme la verdad, ser puro sin poseer nada aún. Si tienes éxito, entrégalo a Dios.

Aprende con las Tortugas: ellas sólo progresan cuando colocan su cabeza (la parte más vital de su cuerpo) para fuera de su coraza.

J.M

Fe es...

Afirmar que Dios no está con nosotros cuando de hecho no está (aún contra las evidencias); Poder afirmar que Dios está con nosotros cuando está, aún contra las evidencias;

Asumir a Dios sólo tal cual Él es y nunca conforme desearíamos que Él fuera para nosotros. Rechazar a "Dios" cuando nos es presentado conforme Él no puede ser;

Poder aceptar castigo o maldición como bendición, si estos vienen de Dios;

Saber rechazar cualquier “bendición” si nunca nos fue enviada por Dios;

Estar apto a hallar gracia y no sólo a hablar de ella;

Ser capaz de aún leer La Biblia en tiempos de necesidad material, ausencia de salud o de otra cosa que creemos que nos falta;

Saber cerrar la Biblia cuando tenemos que salir para obedecer;

Saber abrir la Biblia en la hora correcta de leerla;

Crecer en el hacer y saber como hacer en la exacta medida que crecemos en el conocimiento;

Nos certificamos de las cosas, sin ningún miedo, sabiendo que tanto las verdades como nosotros no tememos ser cuestionados; quien miente es quien tiene miedo de la verdad y de ser cuestionado sobre ella;

Fe es que estemos seguros de las cosas cuando es Dios que nos dilucida sobre ellas;

Que permanezcamos inseguros o dudando cuando Dios no nos esclareció sobre algo, o cuando no es Él, es pura fe. Dudar cuando no es Dios, es fe. Que Nos quedemos seguros cuando no es Dios será fe falsa.

Fe también es que no perdiéramos un milésimo de segundo intentando arreglar argumentos para poder responder a cualquier cuestión o aún acusación venida de Satanás (que pueda dejarlo a hablar solo, no necesitando de su opinión para que nos demos cuenta de nuestros errores o aún de nuestras virtudes);

Poder ser libre de pensar delante de Dios, aún en error, sabiendo que Dios tiene siempre como corregir una mente y un corazón moldeable;

Obtener un corazón tal que sólo Dios sabe amoldar, aún teniendo que usar hombres, también, para conseguirlo; nadie consigue hacer la cabeza de los que sólo se afirman en Dios: sólo los que son enviados de Dios.

Saber oír a hombres mandados por Dios y saber como no oír cuando no son, instintivamente (sentirse mal o bien conforme a quien mandó a tal persona);

Debatirse interiormente cuando tales personas no son mandadas por Dios y nos dicen cosas muy sabias que tienen sentido, pero que no son oportunas aún o ya dejaron de ser relevantes; que nos sintamos mal en esos tiempos es prueba de fe pura que está bajo amenaza de desviarse.

Conseguir ser natural cuando es Dios quien habla, pues Él es real y no puede ser de otro modo;

Conseguir asumir cualquier promesa venida de Dios como una maldición en caso que el pecado sea nuestro pariente aún; eso es fe verdadera, pues conseguimos creer en la verdad contra nuestros propios deseos.

Conseguir tener la claridad de asumir profecías (de nuestros tiempos y para nosotros) cómo siendo imposibles de que se cumplan si el pecado sea nuestro amigo aún; creer, asumir, que algo no se irá a cumplir en esas circunstancias es fe.

Asumir que ser fuerte es que tan sólo sea natural y que la perfección es la simplicidad y no la complicación; ser obediente de forma instintiva es fe y no de forma terca; ser terco no es de la fe y ser persistente, en la verdad, es cosa que debe ser natural e íntegramente factible;

Asumir que las promesas de Dios tienen que ser tan reales cuanto Él mismo es; si Él no fuera real, también estas serán irreales, en la misma medida;

Poder colocar la doctrina de lado tal cual Pedro hizo con la doctrina de servir a las mesas porque tenía ambiciones santas mayores para cumplir;

Asumir pecado sólo como pecado, sin disculpas o justificaciones;

Asumir sólo aquel tipo de santidad que viene de Dios de hecho;

Que podamos hacer naturalmente más y mejor (y no peor) que los fariseos y Pastores – excederlos fácilmente si estos vivieran mal con Dios y no que nos sintamos mal con eso;

Poder asumir cualquier pecado como un tropiezo de muerte (como de hecho es) y nunca sólo como un mero impedimento casual debido a la facilidad en de vencer que obtenemos de Dios;

Asumir que la santidad hace siempre parte del cumplimiento de todo cuanto Dios pueda haber prometido;

Ser leal casi sin saberse (inconscientemente, porque es nuestra naturaleza nueva expresándose);

Permanecer leal, cuando la deslealtad nos perturba, no cambiando nuestro curso sólo porque fuimos perturbados;

Asumir cualquier idea sobre Dios cuando, sólo y siempre que Lo podemos tener de forma real;

Poder aceptar que la realidad en Dios es la única forma de vida existente de la fe verdadera (y que no existe otra fe a no ser la verdadera y la real y evidente); nosotros no vemos para creer, pero creemos porque veremos – pero, si vemos, creemos a la misma.

Tener cómo y porque rechazar cualquier tipo de santidad que no sea natural y que sea aparente y forzada, sabiendo que en caso la santidad sea aún una conquista del esfuerzo, ella no es forma de vida natural aún. Existen muchos que prohíben a las señoras de que corten sus cabellos porque necesitan de leyes para que se ocupen debido al hecho de que no consiguieran impedir pensamientos impuros e inertes en ellos mismos. Nuestras actitudes no necesitan de esfuerzo - sólo nuestro trabajo.

Poder vencer el mundo de la misma forma que respiramos – de forma natural e inconsciente. Sabemos que una persona enferma tiene más dificultad en respirar – así, también, la fe real reacciona muy mal al pecado, sea este pequeño o grande; quien se esfuerza para creer o está enfermo, o en lugar contaminado.

Fe es poder asumir otro camino si este nos viniera de Dios, completando o aún anulando otro que nos pudo llevar hasta allí; nosotros vamos de gloria en gloria y de escalón en escalón: para que subamos para el escalón siguiente necesitamos dejar el anterior para atrás. Fue por mirar para atrás y vacilar que la esposa de Lot se quedó estática y parada para siempre.

Preferir perder sin creer que se pierde en caso Dios no esté de acuerdo con nuestros anhelos, planes o acuerdos;

Saber rechazar cualquier escapatoria sin que tenga que explicarse siquiera, sea de que forma sea, si esta no nos venga de Dios y nos venga a intentar aliviar la presión que Dios coloca sobre nosotros;

Obtener una necesidad casi inconsciente y persistente para tener paz con Dios por encima de todo, de cualquier cosa y de todos;

Fe es confesar pecados, uno a uno a quién de derecho sin cuestionar porqué (confesar a hombre o a Dios, restituyendo ni aunque sea sólo la honra).

¡Fe es poder añadir a esta lista si es necesario que en ella se añada, buscando a Dios para eso! Amén.

José Mateus