"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro"
2.ª Pedro 1:19

sábado, 18 de diciembre de 2010

Un Blanco para La Envidia de Satanás x David Wilkerson

Si Ud. es un creyente que busca a Dios con todo su corazón, Ud. es un blanco.


Este mensaje es para los creyentes que están pasando por una experiencia de prueba severa. Estoy dirigiéndome a aquéllos que soportan profundas pruebas y están agotados mental, física y espiritualmente. Vivimos en un tiempo de gran tensión, cuando las pruebas pueden caer sobre nosotros repentinamente, dejándonos sobrecogidos, cansados y confundidos.

Le doy gracias a Dios por cada creyente que está, en este momento, disfrutando una temporada de buenos tiempos. Su vida no está bajo gran tensión ni tiene que afrontar duras pruebas o profundo dolor.

Estoy agradecido al Señor por proveer dichas temporadas en la vida de sus hijos.

Sin embargo, sabemos, por las Escrituras, que las tormentas y las grandes pruebas llegan a todo aquél que ha entregado verdaderamente todo a Cristo: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Salmos 34:19). Además, si Ud. tiene hambre de Dios, si está determinado a buscarle con todo su corazón, fijando en Él, su mente y su alma para obedecer Su Palabra, Ud. será continuamente un blanco de la envidia del diablo.

Por siglos, grandes cristianos han intentado demostrar las causas y razones por las que los justos sufren. Mi biblioteca personal está repleta de tales libros. Sin embargo, las respuestas parecen ser evasivas. Cada vez que me hallo en medio de una dura prueba, encuentro difícil aplicar cualquiera de los principios aprendidos, en mi propio corazón angustiado. Por el contrario, me encuentro orando: “Señor, tengo que recibir de tu Palabra para mi necesidad presente”.

Para muchos que soportan largas pruebas, las preguntas que más abundan suenan así: “Señor, ¿te ofendí de alguna manera? ¿Hay algo en mi vida que está impidiendo que oigas mi clamor? Si he sido fiel a tu Palabra, entonces ¿por qué esta prueba interminable? La Biblia dice que tú no vas a dejar que yo sea tentado más de lo que pueda resistir, ¿por qué estoy en este punto de quiebre?

Estoy convencido de que la mayoría de las batallas espirituales se llevan a cabo en la mente del creyente. Muchos cristianos soportan tremendas angustias mentales, pensamientos de opresión y de miedo, opuestos a Cristo. No pueden desprenderse de los recuerdos depresivos de fracasos pasados. Terminan sintiéndose que no merecen estar en la congregación ni tener las bendiciones de Dios.

Yo no tengo la respuesta para todas las preguntas de por qué los creyentes sufren tanto, pero sé que una cosa es segura.

En el momento en que uno afirma su corazón para buscar al Señor, determinándose asirse de sus promesas, uno se constituye en el blanco de la envidia de Satanás.

Llega el momento en la vida de todo creyente, en que enfrenta una elección: puede quedarse tibio en su fe, o puede cruzar la línea para seguir a Jesús con todo su corazón. Cada vez que elegimos agarrarnos de Cristo completamente, estremecemos las entrañas del infierno. Y Satanás envía sus hordas demoniacas para desatar la ira del infierno en nuestras vidas.

Una estadística de la encuestadora “Barna” revela que 70 por ciento de las personas que dicen haber nacido de nuevo, no considera que su caminar con Dios sea lo más importante en su vida. Esta es una absoluta tragedia. Esto explica el por qué Satanás se incomoda tanto cuando una pequeña minoría decide apartarse para servir a Jesús.

El diablo reconoce algo en cada cristiano dedicado, algo que es absolutamente destructivo para su reino. Sucede cuando un hijo de Dios decide confiar en El Señor a través de todo, acercándose a Él a pesar de los dolores y dificultades. Satanás se da cuenta de que tal cristiano va a ganar a otros para Cristo, tanto en oración, como al soportar gran sufrimiento sin que su fe se vea afectada.

Cuando Satanás ve este tipo de fe, él sabe que los cimientos del infierno están siendo sacudidos. Así que ordena a sus principados que abandonen sus puestos usuales cerca a los creyentes fríos, indiferentes y amadores de los deleites, y los redirige a buscar a cada cristiano con fuego en su corazón, cuyas acciones demuestren que dicho cristiano está dirigiéndose a la plenitud de Cristo.

Considere al apóstol Pablo. Cuando este celoso perseguidor de la iglesia recibió una revelación de Cristo, él afirmo su corazón para ayunar y orar; e inmediatamente se convirtió en el blanco principal de la ira de Satanás. El diablo no le temía simplemente al impacto que tendría la conversión de Pablo para con su obra en la tierra; él se puso ferozmente celoso por la revelación de Pablo del paraíso.

Ud. verá, la Escritura nos dice que Lucifer fue echado del cielo, lejos de la gloria de la presencia de Dios. Y desde aquel entonces, el diablo no puede soportar la idea de que alguien “inferior” a él pueda saborear algo del paraíso. Se llena completamente de envidia por cualquiera que sea bendecido al contemplar lo que él perdió por toda la eternidad.

Pablo escribe: “Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee” (2 Corintios 12:7). Ahora bien, Dios nunca enviaría un poder demoniaco a alguno de sus siervos. A pesar de que Job fue abofeteado por Satanás, El Señor puso límites al poder del enemigo para afligirlo. Satanás puede acosarnos, pero no puede destruir ni una sola vida.

Según Pablo, Dios permitió que este sabueso infernal interviniera en la vida de Pablo para evitar que la soberbia se levante en su corazón. El diablo asignó a este mensajero para afligir la carne de Pablo, causándole dolor físico y mental. Satanás le ordenó al demonio que sea implacable en su ataque: “Abofetea a Pablo repetidas veces. Golpéalo cada día, sin detenerte”. Pero la envidia había cegado los ojos de Satanás con respecto a Pablo. Lo que el diablo usó para tratar de derribar a Pablo, un bombardeo de ataques físicos y mentales, Dios lo tornó para el bien de Pablo.

Ciertamente los poderes de las tinieblas habían acompañado a Saulo en su camino a Damasco. Después de todo, se trataba del sirviente preferido de Satanás: un líder religioso, celoso, “temeroso de Dios”, quien literalmente hacia la obra del diablo. Saulo se dirigía a perseguir cristianos y traerlos de regreso a Jerusalén, donde serían encarcelados y torturados.

Pero cuando Saulo fue derribado a tierra y recibió una visión de Cristo, él inmediatamente se postró sobre su rostro y clamó: “¡Señor Jesús, dime qué debo hacer!”. Rehusó comer o dormir por tres días, para enfocar todo su ser en El Señor.

¿Qué cree que sucedió en el infierno en ese momento? Todo el reino del diablo erupcionó. Me imagino a Satanás convocando una reunión de emergencia, donde se designó a un mensajero especial para cumplir una asignación de por vida: enfocar todas las armas del infierno contra Saulo. Satanás instruyó a este mensajero, así: “Persigue a ese hombre con todas tus fuerzas. Tienes a tu disposición todo el arsenal del infierno. Tu única misión es destruir la fe de Saulo”.

Puedo imaginarme los tormentos que este demonio trajo sobre Pablo: bombardeos de mentiras, recuerdos de cada cristiano que él torturó, recuerdos de cada cosa que hizo en contra del nombre de Cristo en el pasado. Así también, Satanás hace lo mismo con cada creyente que hoy, está en fuego, envía principados de maldad a nuestras vidas y nos susurran mentiras con una intención: destruir nuestra fe.

Estos ataques fueron el resultado de aquella vez en la que Satanás perdió su intimidad con el Padre.

Esta es una de las razones por las que el diablo trata de traer abajo a los santos de Dios. Él quiere que salgan de su descanso, de su intimidad, de la esperanza del paraíso con El Señor; es decir, de todas las cosas que él perdió cuando fue expulsado del cielo.

Piense por un momento en su antiguo caminar con Dios. Quizás en otro tiempo fue más diligente y tenía una gran hambre de Dios y rogaba para que él lo use. Por ello, tomó la decisión de cruzar la línea para entregarse completamente a Jesús. Y, de repente, fue llevado a orar de una manera que nunca antes lo hacía, y las preocupaciones de Dios, se hicieron suyas también. Le pidió a Jesús que vivificara su corazón, que pusiera de su Espíritu, que le haga un intercesor y que le dé sus dones.

Le digo: Esa fue la época en la que Ud. se convirtió en un blanco importante para la ira de Satanás. Usted dirá: "Pero ese periodo no duró mucho, ya no tengo esa clase de celo, la mayoría de mis días los vivo bajo una nube de desesperación". Nada de eso importa. Aún ahora mismo su fe debe estar en peligro, a punto de colapsar. Sin embargo, Satanás sabe la verdad: Debajo de todos esos problemas, todavía hay un poco de incandescencia del fuego de Dios. Y mientras esas brasas estén ahí, en cualquier momento pueden arder otra vez.

Es por eso que Satanás no dejará de molestarlo. Por eso, es que Usted es abofeteado. Él está decidido a no darle oportunidad alguna al Espíritu Santo para que encienda esa llama en Ud. Por ello, Pablo, en una de sus cartas nos advierte que no ignoremos sus maquinaciones: "para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones" (2 Corintios 2:11). En otras palabras, si fuéramos ignorantes de las tácticas del enemigo, haríamos que gane ventaja sobre nosotros.

Algunos cristianos creen que no deberíamos ni mencionar el nombre de Satanás, que esto de alguna manera lo glorificaría. Sin embargo, la Biblia deja claro que si conocemos las armas del enemigo, no tenemos razón de temer. De hecho, dicen que en estos últimos días, Satanás vendrá a la tierra con gran ira, así que es mejor que conozcamos su estrategia. En otra de sus cartas, Pablo escribe advirtiéndonos: "Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras."(11:14-15).

La advertencia de Pablo es muy clara: el diablo usa personas que no tienen a Dios, como mensajeros de su ira y envidia. Y de acuerdo a los apóstoles, estas personas se han infiltrado en la iglesia. ¿Ha conocido Ud. a ese tipo de gente? ¿Alguna vez ha sido el blanco de su engaño, mientras hablaban palabras que perforaban su alma, palabras que Ud. sabía que venían de los labios del diablo?

Usted es un blanco perfecto para sus reproches, porque su fe y su celo son un malestar para su estilo de vida, amantes de los placeres. En resumen, dichas palabras son la envidia de Satanás airándose contra Ud. No obstante, la luz del evangelio expone cualquier obra de las tinieblas, alumbrando a los siervos de Dios contra los engaños del enemigo.

En el Salmo 42:5-9, el rey David escribió acerca de un tiempo cuando su alma fue traída abajo:

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?”

Cuando David escribió este salmo, su estado espiritual no estaba ni frío ni tibio. De hecho, en este salmo él escribió también: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”. Sin embargo, aun así Satanás aprovechó este tiempo para mandar a sus mensajeros para provocar y acosar a David, lanzándole a la cara de este hijo de Dios, la acusación: "David, ¿dónde está tu Dios?".

Esto quebrantó el corazón de David, llevándolo a clamar: "Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me dicen todos los días ¿Dónde está tu Dios?". Note que la pregunta que le hizo el diablo, no fue: "¿Dónde está Dios?", sino: "¿Dónde está Tu Dios?", en otras palabras: "¿dónde está la evidencia del cuidado de Dios por ti?"

Cuando David escribió esto, estaba huyendo de su hijo Absalón. Él decidió esconderse en cuevas y sufrir angustias en muchos niveles: mental, física y espiritualmente. Además, la mayoría de los israelitas lo habían rechazado, incluyendo sus mejores amigos. Entonces, David habló de su dolor más profundo, escribiendo "mientras me dicen todos los días..." (Salmo 42:3), pero, ¿quiénes eran ellos?

Algunas veces el diablo usa personas para que nos digan cosas de una manera dolorosa y dañina. Y la mayoría de las veces, el enemigo usa sus poderes demoníacos, enviándolos a sacudir nuestra fe. Nos susurran sigilosamente pensamientos devastadores formulados por el mismo maligno. E inclusive los creyentes más fuertes no están inmunes a estos ataques. Ese fue el caso de David, quien escuchó acusaciones tales como: "No tienes casa, tu familia te ha rechazado. Tienes problemas de todo tipo, David. ¿Cómo puedes decir que eres un ungido de Dios?".

Así mismo, los mensajeros de Satanás inyectan las mismas acusaciones en nuestras mentes hoy, haciendo que nos preguntemos: "Señor, ¿dónde estás en esta crisis? ¿por qué estoy enfrentando este cáliz de dolor, con tantas cosas en contra mía? y ¿por qué no escuchas mis oraciones?, ruego a ti día y noche, pero no oigo nada. ¿Acaso mis lágrimas no significan nada para ti?

Sabemos que David caminaba muy cerca del Señor, confiando en su fidelidad cada día. Él era un hombre de oración que acudía al Señor en cada asunto de su vida. Y la Biblia dice que Dios estaba con David donde sea que él estuviera y en todo lo que hacía. Por ello, Satanás debe haber envidiado demasiado a este hombre y las revelaciones que recibía desde el cielo, que se reflejan en sus salmos.

No es sorpresa que el diablo haya mandado a un espíritu maligno que posea a Saúl, un rey sin principios, que manifestaría la ira del infierno en contra de David: “Y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David.” 1Samuel 18:9

No se equivoque: A Satanás no le importaba la habilidad de David para pelear, su talento artístico o su personalidad ganadora. Ninguna de estas cosas por si solas representaba una amenaza para el reino de las tinieblas. Más bien, había algo en la fe de David, en su relación con el Padre, que causaba que el infierno tiemble. Y eso lo convertía en el "blanco número uno" en la mira del diablo. Este hombre era perseguido, era motivo de burla y pasaba por gran sufrimiento, por una sencilla razón: caminaba cerca a Dios.

Lo mismo pasa hoy con cualquier persona que verdaderamente busca a Dios. El diablo ve que El Señor está con tal o cual creyente, y que él fue abandonado por Dios; entonces se levanta automáticamente una furia de envidia. De hecho, la envidia del diablo por David se daba a conocer claramente a través de las expresiones celosas de Saúl: “Pero Saúl, viendo y considerando que Jehová estaba con David, y que su hija Mical lo amaba, tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días.” “Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.”(18:28-29, 19:10).

Fíjese que a pesar de que Saúl se airaba contra David, también le tenía miedo: “Mas Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl” (18:12) Aquí hay una clara prueba de que el diablo le teme a cualquier hombre o mujer de Dios justo, que ora y confía en Dios. También Santiago en su carta nos exhorta con esta verdad, recordándonos de una importante arma que nos ha sido dada: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7).

Satanás envidia y le teme a la mayoría de aquéllos que han estado con Dios en oración y que están determinados a batallar en fe.

Satanás le teme incluso a un pequeño ejército de aquéllos que están ceñidos de fe para la batalla. Tiembla delante de los que están puestos en pie, listos para resistir. Y justamente porque le teme a Ud., su designio es neutralizar su espíritu de lucha.

El diablo hace esto tratando de inundar su mente con derrotas, distracciones, pensamientos que traen desconfianza y dudas acerca del poder de Dios. Además, él le gritará a su mente y espíritu: “No vale la pena seguir luchando, eres más débil que tus problemas y sufrimientos. Nunca serás un vencedor. Los poderes del infierno son demasiado grandes para que te enfrentes a ellos; por eso, es mejor que te relajes. Ya no necesitas ser tan intenso acerca de la batalla”.

Amados, ¡todo esto es una distracción! Toda la estrategia de Satanás se trata de que usted deje de poner sus ojos en la victoria de la cruz. Él quiere que usted se enfoque en sus debilidades, pecados o tropiezos, y es por eso que él pone más leña al fuego de tus problemas y sufrimientos presentes. Quiere que usted crea que no es lo suficientemente fuerte como para seguir. Pero sus propias fuerzas no es lo que importa, sino la fuerza de Jesucristo.

El hecho es que todos vamos a estar en una batalla hasta que muramos o hasta que Jesús regrese. Tendremos épocas de calma, tiempos de descanso, pero mientras estemos en esta tierra, estamos comprometidos en una guerra espiritual. Y simplemente no hay un final para estas batallas. Por ello, Pablo nos dice que Jesús nos ha dado armas que son poderosas para destruir las adversidades, pues hemos sido equipados con armas que el diablo jamás podrá enfrentar: la oración, el ayuno y la fe.

Algunos cristianos, se han enfocado tanto en su dolor o en su problema que se sienten cómodos con ello. Cuando uno se encuentra con estos creyentes, de lo único que le hablan es de sus luchas. Nunca escuchará mencionar algo de la victoria que Cristo ganó por ellos.

¡Que nunca suceda esto con el pueblo de Dios! El tiempo ha llegado de quitar nuestra mirada en nuestras aflicciones presentes. Debemos dejar de poner nuestros ojos en nuestras pruebas y fijarlos en el Capitán de esta guerra. Jesús tiene la llave de toda victoria, y nos ha hecho una promesa: “Te he provisto de toda arma requerida para la batalla. Y estoy listo y dispuesto para darte fuerza en tiempos de debilidad.”

Muchas veces decimos: “he cruzado la línea por Jesús”, y la verdad es que simplemente hemos venido a confiar plenamente en el “sacrificio de sangre” de Cristo.

En Génesis 15, Dios hace un pacto glorioso con Abraham. Él instruye al patriarca que lleve una becerra, una cabra y un carnero; los corte en 2 pedazos. Luego, Abraham debía tomar una tórtola y un palomino y ponerlos en el piso, cabeza con cabeza. Abraham lo hizo tal cual le fue dicho, y mientras estas criaturas estaban tendidas sangrando, las aves de rapiña empezaban a descender sobre los cuerpos muertos. De repente, Abraham sintió una terrible oscuridad que lo rodeaba. ¿Qué era esta oscuridad?

Pues era el diablo en pánico. Verán, el diablo había oído del pacto que Dios estaba haciendo con Abraham. El Señor le prometió a Abraham hacer de él una gran nación y bendecir su descendencia para siempre. Además, Dios le prometió a Abraham que le daría la tierra de Canaán. Y esta última promesa fue la que hizo que la envidia de Satanás brotara. Canaán era el territorio del diablo, una tierra de idólatras, era la marca demoníaca en la tierra. Y ahora Dios le decía a Abraham que su descendencia iba a venir a tomarla.

Amados, cuando ustedes entran en pacto con Dios, él les habla cosas buenas. Él les promete: “Voy a guardarlos de caída, y presentarlos intachables ante el trono de mi Padre”, “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.” (2 Pedro 1:4).

Entonces, ¿Cómo creen que reacciona el diablo cuando ve todo esto que sucede en su vida? Primero, él ve cómo van haciendo suya la gloriosa promesa del Nuevo Pacto, a medida que le van dando su vida a Jesús, lo cual llena al diablo de una ira de celos. Luego, los ve firmes y decididos a ir hasta donde sea necesario por El Señor. En ese momento, el diablo sólo puede reaccionar de una forma: ¡Todo el infierno entra en pánico!

Satanás reconoce que Ud. ha confiado plenamente en el “sacrifico de la sangre” de Jesús para tratar con sus deseos carnales y llevarlos a la muerte. Y él sabe que esto significa que su reino, el reino de las tinieblas está siendo desafiado.

Por eso, envía aves de rapiña para que intenten consumir el sacrificio. Y, ¿qué son estas aves de rapiña realmente? Son pensamientos concebidos en el infierno, que vienen a acosarlo, para que Ud. cuestione la fidelidad de Cristo a usted.

Todo lo que se requiere para hacer temblar los fundamentos del infierno es un cristiano confiado, ferviente en oración. Y si eso lo incluye a Ud., pronto sentirá las aves de rapiña que envía Satanás para acosarlo.

Conozco varios creyentes fervientes, que en este momento están luchando contra un fuerte sentimiento de inseguridad. Ellos luchan a diario contra sentimientos de subestima e indignidad. Se preguntan: “Si yo fuera realmente fiel, no estaría tan abrumado todo el tiempo, mi testimonio no sería tan inefectivo ni estaría tan azotado económicamente”. ¡No! Todo eso es el trabajo de las aves de rapiña que vienen a robarse el sacrificio.

Dios nos ha dado una estrategia espiritual para resistir la envidia y la ira de Satanás

¿Qué hizo Abraham cuando vinieron las aves de rapiña? La Biblia nos dice que las espantaba. Así mismo Dios nos ha enseñado una manera de lidiar con las amenazas de las aves de rapiña. No debemos temer a los ataques del enemigo, porque hemos sido equipados con poderosas armas de guerra.

Cuando alguna voz de duda o cuestionamiento de Dios viene a mi mente, tengo que compararla con las cosas que yo sé de mi Dios amoroso. Ud. no puede considerar verdadero ningún pensamiento que está basado simplemente en lo que está sintiendo en ese momento. Este pensamiento debe ser medido frente a las promesas que Dios le dio acerca de él mismo y acerca de la victoria que él gano para Ud.

Dicho de manera simple, si los pensamientos que vienen hacia mí, lo hacen acusándome, causando duda y miedo, condenación o traen una sensación de rechazo: sé que no vienen de Dios. Todos debemos estar preparados para cuando vengan esos pensamientos. Inclusive el Señor Jesús fue sujeto a esta clase de pensamientos del enemigo durante la tentación en el desierto.

He compartido con algunos de los siervos más santos de Dios en la tierra. Muchos de ellos me han contado que después de un tiempo de dedicarse a buscar a Dios, ayunando durante días y fijando sus mentes y corazones en los asuntos de Dios, fueron inundados con terribles dudas, inclusive de la existencia de Dios.

Un profeta de Dios me confesó: “Recientemente, he sido atacado por pensamientos malignos. Es la primera vez en mi vida que me pasa”, pero el Espíritu Santo le había asegurado: “Manténte en la fe, éstos no son tus pensamientos, son del diablo. El diablo quiere convencerte de que eres tan maligno como los pensamientos que él envía, quiere sacudir tu fe. Sólo manténte firme y confía en El Señor, pues no te vas a hundir. Estás bajo un ataque del enemigo, porque has removido los fundamentos del infierno”

Como Abraham, mi amigo, espantó a esas aves de rapiña usando la fe en la Palabra de Dios. Así también, Jesús resistió la tentación del diablo en el desierto, y el diablo lo dejó por un tiempo. Podemos saber que Dios hará lo mismo por nosotros, si permanecemos en la fe, confiando en sus promesas.


Así que, amado hermano, cuando los buitres vengan a ustedes, trayendo pensamientos de desánimo e inseguridad, espántelos con la Palabra de Dios. El sacrificio que El Señor le ha permitido hacer es agradable a él, y él lo honrará. ¡Aleluya!

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