"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro"
2.ª Pedro 1:19

martes, 9 de marzo de 2010

INICIANDO EL DÍA EN SU PRESENCIA



Qué hermoso es que en la hora de la mañana, el lazo que nos une a Dios sea firmemente amarrado, de tal manera que durante las horas que tengamos que movernos en la prisa de los hombres o de las obligaciones, y podamos escasamente pensar en Dios, el alma pueda ser guardada pura y estar a salvo.

¿Cuál es el principal motivo que nos hará amar y guardar con fidelidad la oración de la mañana? Si la tomamos simplemente como una obligación, y una parte necesaria de nuestra vida religiosa, pronto se convertirá en una carga. O, si el pensamiento principal fuera nuestra felicidad y nuestra seguridad, aquello no supliría el poder para hacerlo realmente atractivo. Solo una cosa será suficiente, y es, el deseo por la comunión con Dios.

Es por eso que fuimos creados a semejanza de Dios. Es aquello en lo que esperamos pasar la eternidad. Solo eso puede adecuarnos para una vida verdadera y bendecida, ya sea aquí o en el futuro. Tener más de Dios, conocerle mejor, recibir de Él la comunicación de su amor y de su fuerza, y tener nuestra vida llena de Él, es para esto que nos invita a entrar en la cámara secreta y cerrar la puerta.

Es en el altar secreto, en la vigilia de la mañana, que nuestra vida espiritual es tanto probada como fortalecida. Allí está el campo de batalla en donde se decidirá cada día si Dios va a tenerlo todo, y si nuestra vida será de absoluta obediencia. Si realmente vencemos ahí, y nos libramos de nosotros mismos para estar en las manos de nuestro Dios Todopoderoso, la victoria durante el día es segura.

Es allí, en la cámara secreta, en donde la prueba será dada si en verdad nos deleitamos en Dios, y si hacemos nuestro objetivo amarle con todo nuestro corazón. Permita entonces que esta sea nuestra lección: La presencia de Dios es lo principal y más importante, en nuestra devoción.
Encontrarnos con Dios, entregarnos a Su santa voluntad, saber que le agradamos a Él, tenerlo como a quien da las órdenes, y como quien impone sus manos sobre nosotros, y nos bendice, y nos dice: “Ve con la fuerza que tienes” (Jueces 6: 14), únicamente cuando el alma aprenda que esto es lo que se encuentra en la oración de la mañana, día tras días, aprenderemos a anhelarla y a deleitarnos en ella.

Fragmento tomado del libro Escuela de la obediencia de Andrew Murray.

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