"Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro"
2.ª Pedro 1:19

sábado, 10 de julio de 2010

Las resoluciones de Jonathan Edwards


(1703-1758)


J.Edwards... Muchos sostienen que es uno de los pensadores cristianos más grandes de la historia... se dice que a los 14 años de edad empezó a escribir un diario con el propósito de examinar su vida y desarrollo espiritual… 3 años después, a los 17 realizó una lista de resoluciones acerca de cómo vivir su vida… En total fueron 70 resoluciones.
Ahora personalmente, fue un gran desafío, poder poseer yo misma ésta lista… y cada unas de estas resoluciones no solo grabarlas en mi memoria sino tratar cada día de ponerlas delante de Dios, confiando que solo Él me ayudará a cumplirlas, para su gloría y para un disfrute cada vez más perfecto de Él…
Sin más, se la dejo a continuación, esperando que les sea para la más rica bendición…

Resolví que haré todo aquello que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, provecho y agrado, durante todo mi tiempo de mi peregrinación, sin nunca tomar en consideración el tiempo que eso exigirá de mí, sea ahora o por la eternidad fuera. Resolví que haré todo lo que sienta que sea mi deber y que traiga beneficios para la humanidad en general, no importando cuántas o cuán grandes sean las dificultades que tenga que enfrentar.

Resolví permanecer en la búsqueda continua de nuevas maneras para poder promover las resoluciones.

Resuelvo a arrepentirme, en caso que un día me haga menos responsable en lo relacionado a estas resoluciones, negligenciando una ínfima parte de cualquiera de ellas y confesar cada falla individualmente así que caerse en mí.

Resolví, también, a nunca negar alguna manera o cosa difícil, sea en el cuerpo o en el alma, menos o más, que lleve a la glorificación de Dios; tampoco a sufrirla si tengo cómo evitarla.

Resolví a jamás desperdiciar un sólo momento de mi tiempo; por el contrario, siempre buscaré formas de hacerlo lo más provechoso posible.

Resolví vivir usando todas mis fuerzas mientras viva.

Resolví jamás hacer alguna cosa que yo no haría, si supiese que estubiera viviendo la última hora de mi vida.

Resolví ser a todos los niveles, tanto en el hablar como en el hacer, como si no hubiera nadie más vil que yo sobre la tierra, como si yo mismo hubiera cometido esos mismos pecados o sólo sufriera de las mismas debilidades y fallas que todos los otros; también nunca permitiré que el tomar conocimiento de los pecados de los otros me venga a traer algo más que vergüenza sobre mí mismo y una oportunidad de poder confesar mis propios pecados y miseria a Dios.

Resolví pensar y meditar bastante y en todas las ocasiones sobre mi propia muerte y sobre circunstancias relacionadas con la muerte.

Resolví, que siempre que experimente y sienta dolor, relacionarla con los dolores del martirio y también del infierno.

Resolví, que siempre que piense en cualquier enigma sobre la salvación divina, inmediatamente hacer de todo para resolverlo y entenderlo, sin que ninguna circunstancia me impida de hacerlo.

Resolví, así que sienta un mínimo de gratificación o deleite de orgullo o de vanidad, eliminarlo de inmediato.

Resolví nunca cesar de buscar los medios apropiados para la práctica de la caridad y liberalidad.

Resolví nunca hacer algo en forma de venganza.

Resolví nunca sufrir ninguna de las más pequeñas manifestaciones de ira venida de seres irracionales.

Resolví nunca hablar mal de nadie, de forma tal que afecte la honra de la persona en cuestión, ni para más ni para menos honra, bajo ningún pretexto o circunstancia, a no ser que pueda promover algún bien y que pueda traer un beneficio real.

Resolví vivir como desearía, en mi último suspiro, haber vivido mi vida.

Resolví vivir de tal forma, todo el tiempo, como vivo dentro de mis mejores patrones de santidad privada y de aquellos momentos que tengo mayor claridad sobre el contenido de todo el evangelio y percepción del mundo venidero.

Resolví a nunca hacer algo de que haya recelo de hacer una hora antes de sonar la última trompeta.

Resolví a mantener la más restricta templanza en todo lo que como y en todo lo que bebo.

Resolví nunca hacer algo que pueda ser visto como justa ocasión para despreciar o aún pensar mal de alguien en quien vea algún mal.



(Resoluciones 1 a la 21 fueron escritas en New Haven en 1722)



Resolví esforzarme para obtener para mí mismo todo bien posible del mundo venidero, todo cuánto me sea posible alcanzar de allá, con todo mi vigor en Dios - poder, vigor, vehemencia, violencia interior, todo cuánto me sea posible aplicar y ejercer sobre mí de cualquier manera que me sea posible pensar y darme cuenta.

Resolví tomar acción deliberada e inmediata siempre que pueda hacer algo para la gloria de Dios y, siempre que pueda, descubrir los motivos e intenciones, su designio y la finalidad de lo que hago. Si yo descubro, también, que en nada servirá a la gloria de Dios exclusivamente, repudiaré tal cosa y la tendré como un evidente quiebre de la resolución Nº 4.

Resolví que, siempre que caiga en la tentación de un camino de concupiscencia y malo, volver atrás y hallar el origen de esa acción en mí, todo lo que origina en mí tal cosa. Después, comenzar por una vía cuidadosa en la cual no necesito más hacer lo mismo y de orar y luchar en oración y con todas mis fuerzas contra los orígenes de tales ocurrencias.

Resolví examinar siempre cuidadosamente y de forma constante y precisa, cual es la cosa en mí que causa la mínima duda sobre el amor de Dios para direccionar todas mis fuerzas contra tal origen.

Resolví abatir con precisión meticulosa tales cosas que puedan abatir mi seguridad.

Resolví nunca omitir nada de libre voluntad, (a menos que esa omisión traiga gloria a Dios); iré, entonces y con frecuencia, a volver a ver todas mis omisiones.

Resolví estudiar las Escrituras de tal modo firme, preciso, constante y frecuente que me sea hecho posible y que me dé cuenta de forma inequívoca de que estoy creciendo en el conocimiento real de la Palabra de Dios.

Resolví que nunca tendría como una oración o petición, ni permitir que pase por oración, algo que sea hecho de tal manera o bajo tales circunstancias que yo no crea que Dios me puede atender. Tampoco aceptaré como confesión algo que Dios no pueda aceptar como tal.

Resolví extenuarme y esforzarme al máximo de mi capacidad para, cada semana, ser llevado a un nivel más real de mi ejercicio religioso, un nivel más elevado de gracia y aceptación en Dios, que tuve la semana anterior.

Resolví nunca decir nada que esté contra alguien, excepto cuando tal cosa se halle de pleno acuerdo con la más elevada honorabilidad evangélica y amor de Dios para con su humanidad, también de pleno acuerdo con el grado más elevado de humildad y sensibilidad sobre mis propios errores y fallas y de pleno acuerdo con la regla celestial; y, siempre que diga cualquier cosa contra alguien, colocar eso aún mediante la luz de esta resolución convictamente.

Resolví que, deberé ser de tal confianza hasta para mí mismo, que este proverbio no se haga ni un poco verdadero sobre mi, que dice: "Pero, el hombre fiel, ¿quién lo hallará?" Prov. 20:6.

Resolví, hacer todo lo que podré hacer para hacer la paz accesible, posible de mantener, de establecer, siempre que tal cosa nunca pueda interferir o inferir contra otros valores mayores y de aspectos más importantes. Diciembre 26, 1722.

Resuelvo a no hablar nada que no sea incuestionablemente verídico y realmente verdadero.

Resolví que, siempre que me ponga a cuestionar si cumplí todo mi deber y si mi serenidad y paz de espíritu estén ligeramente perturbadas, el resolverlo delante de Dios inmediatamente y verificar de que modo el problema fue resuelto. Diciembre 18, 1722.

Resuelvo a nunca decir nada de malo sobre nadie que sea, a menos que algún bien salga de eso. Diciembre 19, 1722.

Resolví inquirir todas las noches, al acostarme, donde y en cuáles circunstancias fui negligente, que pecados cometí y donde me pude negar a mí mismo. También haré lo mismo en el fin de cada año, mes y semana. Diciembre 22 y 26, 1722.

Resolví nunca más decir nada, ni hablar, sobre algo que sea ridículo, sea una forma de broma o de chacota sobre el día del Señor. (Noche de Sábado, Diciembre 23, 17229.

Resolví nunca hacer nada mientras esté cuestionando si está en conformidad con la ley de Dios o no, para que yo pueda, más tarde, verificar si me es licito hacerlo o no. Sólo no haré así si deja de ser necesario cuestionar.

Resolví inquirir cada noche de mi existencia, antes de dormir, si hice las cosas de la manera más aceptable que yo podría haberlas hecho, en relación a comer y beber. Enero 7, 1723.

Resolví inquirir de mí mismo al final de cada día, de cada semana, mes y año, donde y en que áreas podría haber hecho mejor y más eficazmente. Enero 11, 1723.

Resolví que, con frecuencia renovaré mi voto de dedicación de mí mismo a Dios, el mismo voto que hice en mi bautismo, el cual hice también cuando fui recibido en la comunión de la iglesia y el cual reasumo este día 12 de Enero de 1723.

Resolví que a partir de aquí, hasta que yo muera, nunca más actuaré como si de algún modo me perteneciera a mí mismo, pero enteramente y sobradamente perteneciente a Dios, como si cada momento de mi vida fuera un normal día de culto a Dios. Sábado, 12 de Enero de 1723.

Resuelvo que ninguna área de esta vida tendrá ninguna influencia sobre cualquiera de mis acciones; sólo la vivencia con Dios. Y que, también, ninguna acción o circunstancia que sea distinta de la religión sea lo que me lleve a concretizar. Enero 12, 1723.

Resuelvo también a que, ningún placer o deleite, dolor, alegría o tristeza, ninguna afección natural, ni ninguna de sus circunstancias co-relacionadas, me sea permitida a no ser aquello que promueva la piedad. Enero 12 y 13 de 1723.

Resolví nunca más permitirme cualquier medida de cualquier forma de inquietud y falta de voluntad delante de mi madre y padre. Resolví nunca más sufrir cualquiera de sus efectos de vergüenza, mucho menos alteraciones de mi voz, motivos y ni de mi mirada y de ser especialmente vigilante acerca de esas cosas relacionadas con alguien de mi familia.

Resuelvo a comenzar todo a mi alcance para negarme todo cuanto no sea simplemente dispuesto y de acuerdo con una paz benévola, universalmente dulce y tierna, repleta de quietud, hábil, contenta y satisfecha en sí misma, generosa, real, verdadera, simple y fácil, llena de compasión, industriosa y emprendedora, llena de caridad real, equilibrada, que perdona, formulada por un temperamento sincero y transparente; y también haré todo cuanto tal templanza y temperamento me lleven a hacer. Examinaré y seré severo y penetrante en ese examen cada semana si por casualidad así. Sábado de mañana, 5 Mayo de 1723.

Resuelvo a, constantemente y a través de la más penetrante belleza de carácter, hacer un escrutinio y examen meticuloso y muy severo, para constatar y mirar cual es el estado real de toda mi alma, verificando por mí mismo si realmente mantengo un interés genuino y puro en Cristo o no; y que, cuando yo muera no tenga nada de que arrepentirme acerca de negligencias de este tipo. Mayo 26, 1723.

Resuelvo a que tal cosa (de que no tuviera afecto por Cristo) nunca acontezca, si yo la puedo evitar de alguna manera.

Resolví que, siempre actuaré de tal manera y juzgaré y pensaré como lo haría en el mundo venidero. 5 de Julio, 1723.

Resolví que, actuaré de tal forma en todos los sentidos, como iría a desear haber hecho si me hallara en una situación de condena eterna. 8 de Julio, 1723.

Yo, con mucha frecuencia, oigo a las personas de una edad avanzada hablando como vivirían sus vidas de nuevo en caso les fuera dada una segunda oportunidad de vivirla. Yo resolví vivir mi vida ahora de tal manera como si yo estuviera pensando cómo ellos pensarían, como si ya fuera de edad avanzada. 8 de Julio, 1723.

Resolví preparar y mejorar cada oportunidad, siempre que me pueda hallar en un estado de espíritu saludable y alegremente realizado, para lanzarme sobre el Señor Jesús en una re-entrega también, para confiar en él, consagrándome a mí mismo enteramente a él también en ese estado de espíritu; que a partir de allí yo pueda experimentar que estoy seguro y asegurado, sabiendo que persisto en confiar en mi Redentor. 8 de Julio, 1723.

Siempre que oiga hablar algo sobre alguien que sea digno de alabanza y dignificante y lo pueda ser en mí también, resolví comenzar todo para conseguir lo mismo en mí. 8 de Julio, 1723.

Resolví hacer todo cómo lo haría en caso de que ya hubiera visto toda la felicidad celestial y todos los tormentos del infierno. 8 de Julio, 1723.

Resolví nunca desistir de vencer por completo cualquiera cosa corrupta que aún puedan existir en mí, ni nunca hacerme permisivo en relación al mínimo de sus apariencias y señales, ni tampoco desmotivarme en nada si todavía me hallo con falta de éxito en esa lucha.

Resolví que, cuando yo esté en un estado de espíritu de temer adversidades o malos momentos, iré a examinarme a ver si eso no se debe a no haber cumplido todo mi deber y a cumplirlos a partir de entonces; y permitir que todo lo demás en mi vida sea entregado a la providencia de Dios para que yo pueda estar permanecer solamente absorbido y envuelto con mi deber y mi pecado delante de Dios y de los hombres. 9 de Junio y 13 de Julio, 1723.

Resuelto a no sólo extinguir en conversación cualquier aire leve o sospecha de antipatía dentro de mí, simpatía fingida que encubre mi estado de espíritu e impaciencia pero también y antes poder expresar un verdadero estado de amor, alegría y bondad en todos mis aspectos de vida y conversación. 27 de Mayo y 13 de Julio, 1723.

Resuelvo a que, siempre que me halle consciente de provocaciones de mala naturaleza y de malo espíritu, que me esforzaré para antes evidenciar lo opuesto de eso mismo, en buena naturaleza y manera; sí, que en tiempos tal cual esos, manifestar la buena naturaleza de Dios, hallando, sin embargo, que en algunas circunstancias tal comportamiento me traiga desventajas y que, también, en algunas otras circunstancias, sea realmente imprudente actuar así. 12 de Mayo, 2 y 13 de Julio.

Resolví que, siempre que mis propios sentimientos comiencen a parecer mínimamente desordenados, siempre que al hacerme consciente de la más ligera inquietud interior, o la mínima irregularidad exterior, me someteré de pronto a la más estricta y minuciosa examinación y evaluación personal. 4 y 13 de Julio, 1723.

Resuelvo a que la falta de predisposición que no está sujeta a Dios nunca me haga relajado en las cosas de Dios y que nunca consiga retirar mi atención de estar plenamente fijada y afirmada sólo en Dios, exista la disculpa que existir para tentarme; las disculpas son cuando la predisposición me dice que aquello que estoy hallando o sintiendo hacer es lo mejor, etc. 21 de Mayo y 13 de Julio, 1723.

Resuelvo a nunca hacer nada a no ser como deber; y, después, de acuerdo con Ef.6:6-8, hacer todo voluntariosamente y alegremente como que para el Señor y nunca para hombre; "Sabiendo que cada uno, sea esclavo, sea libre, recibirá del Señor todo bien que hiciere". 25 de Junio, 13 de Julio 1723.

Suponiendo que nunca existió ningún individuo en este mundo, en ninguna época del tiempo, que nunca haya vivido una vida cristiana perfecta a todos los niveles y posibilidades, teniendo el Cristianismo brillante en todo su esplendor aún teniendo esa vida visionada de cualquier ángulo posible y bajo cualquier presión, yo resolví ser ese mismo ser viviendo esa misma vida, aunque tenga que esforzarme a lo sumo de todas mis capacidades inherentes y aunque fuera el único en mi tiempo. 14 de Enero y 3 de Julio 1723.

Resolví que cuando experimente en mí aquellos "gemidos indecibles", Rom.8:26, los cuales el Apóstol menciona y de los cuáles el Salmista describe como, "Mi alma se consume de anhelos por tus ordenanzas todo el tiempo", Sal.119:20, que los promoveré también con todo vigor existente en mí y que no me "cansaré" (Is40:31) en el esfuerzo de dar oportunidad a mis deseos hechos profundos ni me cansaré de repetir esos mismos pedidos y gemidos en mí, ni de hacerlo en una seriedad continua. 23 de Julio y 10 de Agosto 1723.

Resolví que, me ejercitaré durante toda mi vida, con toda la franqueza que es posible, a siempre declarar mis caminos a Dios y abrir toda mi alma a Él: todos mis pecados, tentaciones, dificultades, tristezas, miedos, esperanzas, deseos y toda otra cosa bajo cualquier circunstancia. Tal como el Dr. Manton dijo en su sermón Nº 27, basado en la Sal.119. 26 de Julio y 10 de Agosto, 1723.

Resolví que, siempre me esforzaré para mantener y revelar todo el lado benigno de mi semblante y modo de hablar en todas las circunstancias de toda mi vida y en cualquier tipo de compañía, a menos que el deber de ser diferente exija de mí que sea de otra manera.

Resolví que, después de situaciones aflictivas, evaluaré en que aspectos me hice diferente por ellas, en cuáles aspectos mejoré mi ser y que bien me advino a través de esas situaciones.



Resolví confesar abiertamente todo aquello en que me hallo enfermo o en pecado y también confesar todos los casos abiertamente delante de Dios e implorar la necesaria condescendencia y ayuda de él hasta en los aspectos religiosos. 23 de Julio y 10 de Agosto, 1723.

Resuelvo a hacer todo aquello que, viendo que otros hagan, yo pueda haber deseado haber sido yo a hacerlo. 11 de Agosto, 1723.

Que haya siempre algo de benevolente en toda vez que me exprese en palabra. 17 de Agosto, 1723.